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"El futuro no está escrito, debemos escribirlo entre todos"
Iñigo Puente / @tecnun
TECNUN
27/04/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Iñigo Puente

 
A qué se dedica:

​Director de Tecnun, la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra

 
Ámbitos de trabajo:

​Ingenería, Investigación, I+D 

 
Quiero contactarle:
 
Tiempo de lectura:

Tres escenas de Star Wars

 
What if?

¿Y si convertimos el trabajo previo en un elemento central de la experiencia en clase? 

 
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​​​

Ingeniero es palabra de origen latino que esconde en su raíz el ingenio necesario para conseguir o ejecutar algo. En España hay cerca de 120.000 titulados superiores y 350.000 técnicos, en su mayoría profesionales con una gran capacidad de trabajo

​De la mano de Íñigo Puente, Director de Tecnun, la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra, descubrimos que el futuro de la educación pasa por aprender a aprender, desarrollar un pensamiento crítico, practicar una actitud creativa y cultivar la osadía necesaria para poner en marcha ideas, productos y servicios de ingeniería que hoy ni siquiera podemos imaginar.

​"En los próximos cincuenta años se van a inventar muchas más cosas de las que se han inventado en los cincuenta años previos y, si no estamos listos y somos ávidos a la hora de implementar todas esas tecnologías, otros lo harán por nosotros. Tenemos que ir por delante"

​¿Peligra el futuro de la Universidad? 

​No, pero la institución necesita reinventarse. Si cogemos a un cirujano de hace cincuenta años y lo colocamos en un quirófano, ese cirujano probablemente no sabrá que hacer. Ahora coge a un profesor de hace cincuenta años, colócalo en el aula y… ¿ Qué ha cambiado? No parece razonable. 

Esto no significa que las instituciones universitarias deban cambiarlo todo. Vamos hacia un mundo distinto, nuestra misión pasa por formar a profesionales capaces de responder a las necesidades de nuestro mundo. El de hoy, y el de dentro de cincuenta años. En el caso de Tecnun, además, el futuro pasa cada vez más por la fusión entre docencia e investigación. ​

​¿Cuáles son los ejes de la educación para ese nuevo escenario al que se enfrentan los ingenieros del mañana? 

En primer lugar, es importante ofrecerles una excelente formación básica en matemáticas, físicas y aquellas disciplinas que permitirán a los alumnos evolucionar en el tiempo. Se trata de aprender no sólo el qué, sino también el cómo y el porqué, porque sólo así serán capaces de evolucionar con las técnicas… y evolucionarlas ellos mismos. 

Se trata de formar a personas más creativas, capaces de aplicar las nuevas tecnologías en una determinada línea de negocio, con la sensibilidad y la apertura necesarias para adaptarse a las nuevas posibilidades que la tecnología pone a nuestro alcance. 

En los próximos cincuenta años se van a inventar muchas más cosas de las que se han inventado en los cincuenta años previos y, si no estamos listos y somos ávidos a la hora de implementar todas esas tecnologías, otros lo harán por nosotros. Tenemos que ir por delante. 

​¿Qué puede enseñar hoy en día un profesor que no esté en Internet? 

​Por ejemplo, cómo aprender a buscar, seleccionar, organizar, estructurar y utilizar la información. Esto es algo que no se aprende en Internet. La Universidad debe convertirse otra vez en la institución de referencia a la hora de ofrecer información de calidad y fiable. Ahí fuera hay mucha información disponible, pero necesitamos desarrollar la capacidad de consumirla con espíritu crítico. ​

​Si ya teletrabajamos, ¿por qué no tele-estudiamos? 

​Vivimos en una sociedad en la que es posible estar muy conectados y muy poco comunicados al mismo tiempo. Sí, tal vez un emoticono en whatsapp pueda aportar mucho a nivel de comunicación, pero su aporte es limitado. En un grado superior, el e-mail sirve para notificar, pero cuando tienes que hablar de algo serio con alguien sueles utilizar el teléfono porque es la forma de obtener un feedback inmediato. La video-llamada sería el siguiente nivel: te permite no perderte parte de la comunicación no-verbal, pero no toda…  

Creo que todavía hay actividades que requieren contacto directo y simultáneo: compartir aula con los alumnos es una de ellas. Al final, en la interacción con los otros surgen preguntas y reflexiones que no surgen en el uno a uno.

​¿Cómo se adaptan los profesores a todo este nuevo escenario? 

​Cambiando su forma de dar clase, en primer lugar. Como comentaba antes, no tiene sentido pretender que la docencia sea la única profesión en la que resulta plausible poner a Sócrates en un aula o a un Fray Luis de León y que el modelo siga funcionando. Tenemos nuevas herramientas a nuestro alcance y eso nos permite lograr una interactividad en el aula muy grande.​

​Sin embargo, esa posibilidad a veces se topa con una cierta pasividad o falta de motivación por parte del alumno… 

Aquí hay una doble vertiente. Por un lado, como docentes nos encontramos frente al reto de motivar y estimular a los alumnos. Por otro, hemos heredado un modelo francés de educación en el que acostumbramos al alumno a entrar en el aula esperando que el profesor llame su atención. 

La dinámica que hemos seguido hasta ahora es clara: el alumno toma apuntes, estudia y el día del examen reproduce con mayor o menor éxito lo que ha recibido. Acostumbrados a hacerlo desde pequeños, algunos se convierten en auténticos expertos en recibir, procesar y devolver la información hasta que, un día, esa persona sale al mercado laboral y se bloquea cuando su jefe no le explica paso a paso lo que tiene que hacer.

Los estudiantes también deben comprender que ser alumno es algo más, es asumir la responsabilidad sobre la propia educación​.

​Innovar es cada vez más una cuestión coral. ¿Cómo lograr la transición de un modelo individualista a este modelo basado en la colaboración?

Durante los años de universidad, la tendencia natural del alumno a la hora de hacer trabajos en equipo pasa por agruparse, bien por afinidad, bien por cuestiones académicas, pero trabajar en equipo significa aprender a trabajar con otras personas con las que no siempre tienes una especial afinidad, y aun así debes intentar sacar lo mejor de cada una. Esto incluye delegar, confiar en el otro, aceptar tus  limitaciones y las suyas propias. 

Innovar es el camino. No podemos quedarnos en un país de sol y playa, tenemos que evolucionar en la forma de hacer las cosas, perdiendo el miedo a los retos. Necesitamos un poco más de osadía, estar abiertos a los retos y descubrir que muchas veces nuestros límites son auto-impuestos.

​A este respecto, algunas voces hablan de la necesidad de volver a reindustrializar España… 

​No estoy de acuerdo con esta idea. Creo que nuestro problema viene de un complejo muy grande. Desde el punto de vista industrial, España tiene una industria que va por delante de Inglaterra en Europa, por ejemplo. ​

​¿De dónde, entonces, esta percepción generalizada? 

​Porque no sale en la televisión, y lo que no sale en la televisión parece que no existe. Creo que en España tenemos una imagen errónea de lo que somos. 

A nivel industrial, evidentemente, Guipúzcoa es una zona más industrializada y eso puede influir en mi percepción,  pero al margen de esta cuestión geográfica, los hechos demuestran que somos un país con un enorme potencial. Líderes en muchas áreas, protagonistas de la ampliación del Canal de Panamá, lineas de alta velocidad en Sudáfrica, el Tren de Alta Velocidad de California o el Ave de La Meca

Puede que no tengamos una marca de automóviles propia, pero Volkswagen fabrica aquí, Renault en Valladolid, Opel en Zaragoza, Seat en Barcelona, Ford en Valencia... Contamos con una gran industria auxiliar, somos líderes en el sector eólico y tenemos una presencia muy destacada en la Banca europea con entidades como el BBVA o el Banco Santander​. ​

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