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"Soñar incluye la posibilidad de tener pesadillas"
Xavier Oliver / @xavieroliver
IESE
12/02/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Xavier Oliver

 
A qué se dedica:

​Profesor del IESE, consultor y escritor

 
Ámbitos de trabajo:

Liderazgo, comunicación y educación

 
Quiero contactarle:
 
Tiempo de lectura:

​Un taxi a Atocha

 
What if?
¿Y si el futuro de una organización dependiera de su capacidad para proyectarse a largo plazo? 

 
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​​​

​Reina el presente en la vida de Xavier Oliver. Aquí y ahora, el profesor del IESE publica junto a Elisenda Serra "Marcas que sueñan" y aprovechamos la ocasión para descubrir qué tienen en común las empresas que sobresalen. 

El Bulli, Mercadona o Coca-Cola, la chispa de las marcas que admiramos, seguimos y compartimos tiene que ver con su capacidad para crear proyectos compartidos. 

​"No siempre puedes elegir tu trabajo, pero siempre puedes elegir tu actitud"

Analista de las FAO en la ONU, mediador en el Concilio Mundial entre las iglesias, presidente de la agencia BBDO durante treinta y dos años, ¿tenía Xavier Oliver un plan de carrera?
No, nunca he pensado en mi futuro, nunca he tenido un plan de carrera. Mi plan siempre ha sido mi intuición, pero la intuición que requiere preparación y estudio. Cuando era un chaval y empecé a trabajar en BBDO conocí a dos compañeros que hacían planes de marketing para su vida. A mí aquello me pareció muy extraño. Todo lo que me ha pasado en la vida, desde trabajar en el Word Council of Churches​ hasta la presidencia de BBDO durante treinta y dos años ha tenido que ver con la suerte. Es verdad que la suerte se puede invocar, pero también es verdad que yo la he tenido muy buena.​​
Profesor del IESE y de la Universidad de Navarra, conferenciante, escritor y speaker, ¿quién le enseñó lo que ahora comparte en el aula? 
​La vida. Por viejo (risas) y por suerte. Mi trabajo me ha puesto en contacto con personas y situaciones que me han cambiado por completo. Coger un avión un martes, cenar en Nueva York con el CEO de Pepsi​ y regresar al día siguiente es algo que cambia tu noción de los límites, te permite tener un conocimiento de los mercados y de la realidad muy diferente…​​
¿Tal vez por un cierto deseo de conocer el mundo y comprenderlo mejor? 

Me encantaría que fuese verdad lo que dices, pero no. Más que un deseo, de verdad que he tenido mucha suerte, y una cierta curiosidad. Me acuerdo que cuando tenía once años fui con los boy scouts de visita a Monserrat. Aquel lugar me pareció apasionante, así que les pregunté a los monjes si podía pasar las vacaciones de verano con ellos. 

Aquella estancia cambió actitudes muy profundas en mi persona. Aprendí a vivir con disciplina y descubrí esa sensación bestial, como un enamoramiento de la propia rutina. Siempre tuve una segunda vocación hacia el silencio, pero no un deseo concreto de comprender el mundo.

En su discurso habla de la importancia de soñar y transformarse. ¿Qué hay del miedo al cambio?

​El hecho de vivir en el presente hace que estés más abierto a la vida. Cuando creamos la BBDO University teníamos campus en America, Latinoamérica, Europa y Asia. Al verlo, los japoneses se enfadaron mucho, así que tuve que coger un avión para hablar con el presidente de la compañía en Tokio. Al acabar, mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto aeropuerto de Narita​, comencé a tomar algunas notas de mis impresiones del país.

​Escribí doce, trece folios con detalles de todo tipo, desde el saludo de una persona en la peluquería hasta la forma del guardabarros de un taxi. Japón es un país donde aprender mucho: sobre educación, cultura, puntualidad, rigor, respeto a los ciudadanos…

Planificarlo todo hace que uno se construya un área de confort, y eso hace que aprendas menos. En la vida, lo que viene, viene.

¿Se considera un soñador?
Por supuesto. Pero no un soñador en términos de utopía, sino en términos de proyección real. La persona que sueña, la empresa que sueña, es aquella que tiene algo especial y decide entregarlo a los demás. No es una utopía, es una apertura real que convierte el objeto de entrega en algo indispensable para los demás.​​
Sí, pero para poder soñar como propone hacen falta directivos confiados y profesionales comprometidos… y eso no abunda.

​Cierto. De los proyectos de consultoría que he hecho hasta ahora, dos no han ido bien. Podíamos haber hecho grandes cosas, pero no funcionó. ¿Por qué? Estamos hablando de compromisos reales con los empleados, con los proveedores... Se trata de llevar las relaciones a otra dimensión. Al final, salir de la zona de confort no es nada fácil.​

¿Qué ocurre cuando los sueños de la gente que trabaja en una misma compañía difieren entre sí?
​Si reúnes a toda la gente de tu compañía y les preguntas: ¿Cómo os gustaría que fuera esta empresa en el futuro? La mayoría te dirá: Que echen al director general (risas). Pero no, la clave está en proyectarse a largo plazo. La gente sí tiene una idea muy clara de cómo les gustaría que fuera una empresa dentro de veinte años, porque todo el mundo tiene una idea bastante clara de cómo es una empresa humana.​​
Ser consecuente con los sueños, ¿es más difícil que soñar?
Estamos ante un camino sin retorno: si has decidido transformar tu empresa y has involucrado a todo tu equipo, la propia estructura te fuerza al cambio, no puedes dar marcha atrás. He visto algún caso en el que la dirección lo ha intentado pero su gente no se lo ha permitido.​

Ahora se habla mucho de hacer lo que uno ama, pero ¿qué pasa cuando no puedes elegir?

Sigo dando clase con Fish!​ en la mano, un libro donde aprendes que no siempre puedes elegir tu trabajo, pero siempre puedes elegir tu actitud. Dudo mucho que incluso en nuestra sociedad postmoderna todos logremos diseñar el trabajo que previamente hemos imaginado.

Dicho esto, soy defensor del discurso que anima a perseguir los sueños. Dando clase en el IESE​ he conocido a gente replantearse su futuro profesional. Les pregunto: -Pero a ti, ¿qué te gusta de verdad? Una vez un alumno me dijo: -Yo lo que quiero es enseñar a los padres a jugar con sus hijos, me encanta diseñar juegos. Y ahí está, su proyecto se llama “Supermum&dad”​.

Al final, puedes ser más rico o menos, pero… Hay gente que trabaja en una multinacional. Tal vez su trabajo no le apasione, pero le cuadra: por la situación familiar en la que se encuentra, por el nivel de ingresos, por lo que sea. Una cosa son los gustos y otra es la realidad, no siempre coinciden.​

 ¿Soñar incluye la posibilidad de tener pesadillas?

Desde luego. Cuando vives con los brazos abiertos a la vida, la vida también te regala pesadillas. Hay momentos en los que las cosas salen mal. Para mí fue durísima la salida de BBDO. Treinta y dos años son muchos años dedicados a crear una cultura para luego ver cómo se destroza, es algo que te arrastra el alma. Pero hay algo de egoísmo también en todo eso: creas algo y se destroza. Bueno, pues ya está. Cuando no planeas el futuro es más fácil de sobrellevar, te evitas tener que ir al psiquiatra a por pastillas.

Dicho esto, en nuestro mundo global los criterios financieros llegan a mediatizar de forma muy dañina las relaciones entre las personas, y esto es algo que hace mucho daño: a las personas, y a las empresas. La presión por obtener beneficios impide que las empresas crezcan de forma flexible y tomen decisiones trascendentes, estamos viviendo una lucha de titanes entre los asesores financieros y aquellas personas que trabajan para hacer posible una visión más humana de la empresa.

El mundo necesita dinero para crear, pero esto genera un gran problema. Puede que los números sean más fáciles de expresar y cuantificar que las ideas, pero ahí tienes a gente comprando un Mac por 1.000 euros cuando podría tener un Acer por 500.

¿Cree que, a largo plazo, las empresas que no sueñan se convertirán en empresas caducas?

​Si basas tu modelo empresarial en obtener beneficios a toda costa y no tratas de ofrecer una visión a medio-largo plazo, sí. Las empresas también caducan.​

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