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"Nuestro momento histórico es comparable al de la imprenta"
Leontxo García / @leontxogarcia
Leontxo García
18/08/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Leontxo García

 
A qué se dedica:

​Escritor, conferenciante, presentador, comentarista y periodista especializado en ajedrez.

 
Ámbitos de trabajo:

​Ajedrez, educación, periodismo, medios.

 
Quiero contactarle:
https://twitter.com/leontxogarcia​
 
Tiempo de lectura:

​Ocho páginas de "Novela de ajedrez" 

 
What if?

​¿El ajedrez se convirtiera en una asignatura más de las escuelas de negocios? 

 
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​​​

​Germán García tenía un plan: cederle a su hijo la empresa de distribución de leche en Irún. Leontxo García tenía otro plan: convertir su pasión por el ajedrez y el arte de contar historias en la profesión de su vida. Treinta y dos años de tesón, suerte y osadía, 96 países y miles de programas y artículos más tarde, Leontxo García mantiene intacta a la Dama de su oficio, esa curiosidad capaz de seguir buscando oro en las minas del ajedrez.

​De visita en Irún, conversamos con Leontxo García sobre ajedrez y tecnología, trabajo, vocación y aventuras, el error como fuente de belleza y la admiración secreta de un padre que vio triunfar a su hijo.  

​"Los ajedrecistas y los directivos se parecen. Salvando las distancias, ambos tienen que tomar decisiones generalmente difíciles, con rapidez y bajo presión​"

​¿Cómo descubriste que el periodismo te apasionaba más que el ajedrez? 

Lo mío fue una mezcla de osadía, tenacidad y suerte. Durante mis diez años como jugador semiprofesional de ajedrez escribía de vez en cuando crónicas de mis torneos para la revista Jaque, fundada en San Sebastián. 

Siempre me gustó escribir. Desde que era niño tenía una cierta tendencia hacia el lenguaje y el buen uso del idioma. Quería vivir del ajedrez, pero era muy consciente de que ser jugador era una elección de muy alto riesgo: no sólo había que ser muy bueno, además tenías que ser capaz de sobrellevar situaciones de extrema tensión resumidas en la frase “tengo que ganar hoy para poder comer mañana”. 

El golpe de suerte vino en 1983. Londres celebraba el Torneo de Candidatos y había un vuelo directo desde Bilbao. Tenía amigos allí y, con lo que Deia​ me pagaba por la crónica que iba a publicar en el periódico, me salían las cuentas para el viaje.

​¿Cuántos años tenías? 

Veintisiete. En el vuelo rumbo a Londres estaba obsesionado con una idea: cómo lograr que el lector convencional de Deia se detuviera a leer la sección de ajedrez al llegar a las páginas deportivas. Sabía que no iba a conseguirlo hablándoles de la Defensa Siciliana (risas), así que la clave estaba en exprimir los componentes extradeportivos de aquella seminifinal  Korchnoi- Kaspárov. Los dos eran personajes de enorme trascendencia más allá del deporte: el primero era considerado un traidor por la Unión Soviética, un disidente escapado de la URRS; el segundo, Kaspárov, era el embajador de la Perestroika de Gorbachov.

En la ceremonia de clausura vi algo insólito: las dos delegaciones rusas confraternizando y gastando bromas, algo impensable en la Unión Soviética de 1983, cuando un ciudadano como Kaspárov tenía estrictamente prohibido confraternizar con un traidor como Korchnoi. 

La crónica la titulé “En Ajedrez sí hay distensión entre Este y Oeste” y en el periódico gustó mucho. Me dieron la página entera, cinco columnas. Aquello me abrió muchas puertas, primero en France Presse y en la Agencia Efe, luego en El País, en Radio Nacional y TVE​.​

​Aquel periodo histórico del ajedrez tuvo su culmen aquella tarde en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, cuando retransmitiste el Mundial Kaspárov-Kárpov, ¿no? 

Sí. Aquella fue la prueba de fuego, mucho más que la semifinal de Londres. Yo trabajaba ya entonces como enviado especial en Moscú para El País. Tenía 29 años, pero en el periódico no me conocía nadie porque había entrado a trabajar directamente como corresponsal. En Moscú estuve quince días de ilegal, perseguido por el KGB, haciendo toda clase de artimañas para poder quedarme tres meses. Fue toda una aventura.

Entonces, en la Navidad de 1983, TVE, además de su programa diario especial, decidió retransmitir la última partida, la famosa partida entre Kárpov y Kaspárov. Comenzó el viernes por la tarde, duró cuatro horas, se aplazó al sábado, se prolongó dos horas más. Daba igual que la gente no supiera nada de ajedrez, lo importante era saber cuál de los dos contrincantes iba a ganar. Las estadísticas oficiales de Ecotel hablan de 13 millones de telespectadores. Para que los lectores se ubiquen, a día de hoy sólo se han replicado esos índices de audiencia en dos ocasiones: cuando España fue Campeona del Mundo y cuando el Barça​ levantó la Copa de Europa.

Sin exagerar, puedo decir que entre 1985 y 1990 estuve más días viajando alrededor del mundo con Kárpov y Kaspárov que con mi familia en casa. La demanda informativa, tanto por parte de El País como de Radio Nacional y TVE, era enorme. 

​¿Crees que todo el mundo puede descubrir en un momento dado que tiene una vocación profesional concreta?

Es una buena pregunta. No soy un experto, pero supongo que mucha gente se muere sin haberlo descubierto, por desgracia. Depende mucho del entorno, del ambiente en el que te muevas y del tipo de vida que lleves. Creo que la vocación profesional no es algo que llega por ciencia infusa, a veces la descubres por circunstancias de la vida. Por eso, una persona que tiene la oportunidad de hacer muchas cosas tiene más probabilidades de encontrarla.  

A mí me gustaba escribir desde que era niño. Luego, cuando empecé con las crónicas para Jaque​, me di cuenta de que ponía un enorme empeño en escribirlas bien, era consciente de que tenía vocación de escritor o de periodista. Pero hasta que no empecé a hacer periodismo de verdad no me di cuenta realmente. No es lo mismo escribir una crónica para una revista de vez en cuando que ir de enviado especial, hay mucha tensión en el cuerpo, todo es para ayer y a veces casi no tienes tiempo ni para pensar. 

Sí, creo que hay gente que por desgracia se muere sin saber cuál es su vocación profesional porque las circunstancias de su vida no se lo han permitido. 

​Otro de los momentos más especiales de tu carrera se produjo durante tu visita a la cárcel de Almería, cuando el preso Jose Manuel te dijo: “El ajedrez seguro que es bueno para todo el mundo, pero para nosotros los presos es ideal porque nos obliga a pensar en las consecuencias de nuestros actos antes de hacerlo”. ¿Vivimos en un mundo más impulsivo?

Sin duda alguna. He hecho otras visitas a cárceles, pero aquella fue particularmente intensa. Pasé todo el día al otro lado de los barrotes, conviviendo y jugando al ajedrez con los presos, desde el desayuno hasta la cena. Y ahora que hablas de intensidad, debo decir que algunos de aquellos presos no eran criminales, estaban allí porque en un momento dado habían cometido un grave error. 

Creo que el ajedrez encaja muy bien con el siglo XXI. Dos razones sustentan esta idea. La primera es Internet: el ajedrez es el único deporte que se puede practicar en Red. La segunda va implícita en tu pregunta: vivimos en una sociedad que vive deprisa, donde parece que, exagerando un poco, pensar ya no está de moda. 

Por eso creo que el ajedrez es más necesario ahora que nunca, porque nos incita a pensar antes de actuar, invitándonos a profundizar, a hacer un análisis lógico, pensando en las consecuencias de nuestros actos… El ajedrez, con sus 1.500 años de historia, nos brinda todo eso. 

​Para ti, ¿qué significa pensar bien? 

Diría que pensar bien significa hacerlo de forma global y objetiva. En ajedrez, cualquier cosa que ocurre en cualquier rincón del tablero puede resultar clave a la hora de tomar la decisión correcta: mientras te estoy atacando por el flanco derecho, pueden ocurrir muchas cosas en el flanco izquierdo, y debo tenerlas en cuenta si quiero que mi ataque salga bien. 

Y luego está la cuestión de la objetividad. En ajedrez, uno no hace la jugada que quiere hacer, sino la que su posición le está pidiendo. Puede que me guste mucho atacar, pero si la posición me está pidiendo que haga siete jugadas defensivas, deberé hacerlo. Y esto es totalmente transferible a la vida real, donde uno actúa en función de la situación en la que se encuentra. Por eso es tan importante ser frío y objetivo en el análisis: si te engañas a la hora de evaluar tu posición, perderás objetividad y tu decisión será incorrecta.

​Un directivo podría aprender mucho de un jugador de ajedrez, sobre todo a la hora de sistematizar esta forma de pensar…. 

​Sí, los ajedrecistas y los directivos se parecen. Salvando las distancias, ambos tienen que tomar decisiones generalmente difíciles, con rapidez y bajo presión. El tipo de presión cambia, naturalmente, pero desde el punto de vista cerebral y anímico, los dos se encuentran en una situación similar. Por eso estoy convencido de que a los directivos y a los empresarios podría resultarles muy útil saber cómo piensa un ajedrecista. 

Este es un terreno casi virgen, en el que se han puesto algunos cimientos, pero todavía falta muchísimo por construir. Un amigo y yo hemos comenzado a hacer tormentas de ideas, y mi pronóstico es que no pasarán muchos años antes de que este deporte se convierta en una asignatura habitual en las escuelas de negocios. ​

La tecnología ha influido mucho en el ajedrez. ¿Qué opinas de las máquinas?

Desde el punto de vista puramente resultadista, esta es una batalla perdida: el mejor jugador de ajedrez es una máquina, porque sólo una máquina es capaz de calcular millones de jugadas por segundos. Y además, no se cansa nunca. 

Ahora bien, en ajedrez, la belleza es hija del error: una partida que se acerque a la perfección difícilmente será bella para un ser humano. Y esto ocurre porque de pronto, cuando uno de los contrincantes comete un error, el opositor lo castiga con una combinación inusual, muy bella. Sin errores, en ajedrez apenas habría belleza, es así como la creamos, siempre. 

Por otro lado, es interesante destacar que no existe ninguna máquina, ni siquiera una supercomputadora de la Nasa, que conozca todas las partidas posibles. Esto es así porque matemáticamente hablando el número de partidas distintas que puede jugarse sobre un tablero de ajedrez es superior al número de átomos que hay en el Universo entero conocido, y sólo una computadora cuántica podría lograrlo. En todo caso, lo que más debería preocuparnos es cómo evitar el uso de la potencia descomunal de las máquinas para hacer trampas​.

​Ahora que la gente reivindica el valor de la intuición y la originalidad, llama la atención la importancia de la copia en ajedrez: todos los jugadores estudian a sus antecesores, de manera que un campeón actual lo es en parte gracias a las aportaciones de los que le precedieron.

​Cuando hablamos de intuición, ¿estamos hablando de una función genética o de una función adquirida? Para mí, la intuición tiene que ver con la memoria subconsciente, y eso es algo que en ajedrez se ve claramente el día que te encuentras con una posición complicada y lo solucionas con un movimiento genial. Ese día te vas a casa con el ego a punto de explotar y piensas: ¡qué jugada tan genial! Luego, tiempo después, recuerdas que hace años viste una partida similar que se resolvía con una jugada similar a la que tú hiciste. No era la misma, pero ahí estaba. Quizá no lo hayas hecho de forma consciente, pero ahí está, en tu memoria: el estudio fructifica​. 

​También la Historia. Tus artículos están llenos de anécdotas encantadoras. ¿Nos cuentas alguna? 

Suelo decir que el mérito que yo pueda tener al haber difundido el ajedrez en los medios de comunicación durante estos 32 años es relativo. Hace tres décadas descubrí una mina de historias periodísticas y hoy sigo sacando oro, puliéndolo un poco y mostrándoselo a la gente. El secreto está en que en la mina hay muchísimo oro. En los 1.500 años de Historia documentada del ajedrez han ocurrido infinidad de historias interesantes, hay infinidad de personajes apasionantes y conexiones interesantísimas que tienen que ver con diversas ramas de la ciencia y el arte. 


Por eso, creo que el ajedrez debería formar parte de la Marca España. Los musulmanes lo trajeron a nuestro país hacia el siglo VIII. Al principio era un juego clasista, sólo apto para los musulmanes ricos. En los siglos venideros se convirtió en un juego interclasista e interétnico, hasta que, a finales del siglo XII, Alfonso X El Sabio​ escribió un libro de ajedrez deslizando una idea muy interesante para el siglo XXI: el ajedrez como magnífica herramienta para la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos. Hoy, la Federación Internacional aglutina a 182 países. Sólo el fútbol y el atletismo tienen más. 

Lo más importante es que el ajedrez moderno se inventa en España hace poco más de 500 años, a finales del siglo XV. La principal diferencia con el ajedrez arábigo reside en la incorporación de la Dama, considerado un homenaje a la reina Isabel La Católica. 

Gracias a la incorporación de la Dama, convertida en la figura más potente del tablero, aparecen movimientos muy poderosos, y es así como el ajedrez se transforma en un juego más dinámico y atractivo. Con el tiempo, el deporte se extendería, primero al resto de Europa, y luego a América.

​Hay otro elemento muy particular del ajedrez aplicable al trabajo, y es esa costumbre sagrada de la auto-crítica: al acabar una partida, los dos jugadores se van juntos a una sala. El perdedor trata de analizar dónde se ha equivocado, y por qué, y qué puede aprender para no volver a cometer el mismo error. ¿Tan importante es el feedback y la autocrítica?

Si en ajedrez te engañas, estás condenado al fracaso. Cuando pierdes no puedes echarle la culpa de tu derrota al árbitro, al estado del campo o a la climatología, así que, si jugamos una partida y me ganas, ese día tú has jugado mejor que yo, y por lo tanto, la única actitud razonable al acabar pasa por aprender de ti, saber por qué y descubrir qué hacer para no volver a cometer el mismo error en una situación similar. 

Todo esto es transferible a la vida real, donde los errores son analizables. De hecho, una persona que ha desarrollado su capacidad autocrítica siempre será más feliz que otra que no tenga esa virtud. Además, a la gente le encantan las personas que saben pedir disculpas cuando se equivocan.

​Algunas veces la Historia se muestra en toda su grandeza, como en aquel enfrentamiento Kárpov-Kaspárov de 1987, pero otras debemos ser capaces de apreciarlo. ¿Crees que históricamente vivimos un momento especial?

​Sin duda alguna. Nuestro momento histórico es comparable con el de la invención de la imprenta, la electricidad o la rueda. Si comparamos lo que ha cambiado el mundo en los últimos 30 años con cualquier otro periodo de la Historia, ¿cuántos periodos encontramos donde el mundo haya cambiado tanto en tan poco tiempo? Creo que pocos.​

​Llegaste a ser Maestro de ajedrez… ¿sabes cómo se llega a ser maestro de la vida? 

​Teniendo una sed insaciable de aprender. Con modestia y humildad, que es como uno acaba  sabiendo mucho más. Entonces podrás enseñar muchas más cosas a los demás… y te considerarán un maestro. ​

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Rafael  (07/10/2015 16:57)

​Buenas Tardes Leontxo. He encontrado de casualidad y gracias a las bondades de la red este gran aritículo que te define a la perfección como apasionado del ajedrez y mejor divulgador de este fantástico mundo. Enhorabuena.

 

Puedo pedir un deseo? ya que la partida con Kasparov me parece impensable... me apetecería muchísimo entablar contigo una partida. Sería memorable caer ante tan magnífico personaje.