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"Hay una especie de gozo implícito en hacer bien las cosas"
Josep María Esquirol / @ub_endirecte
Facultad de Filosofía UB
24/08/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Josep María Esquirol 

 
A qué se dedica:

​Filósofo y profesor

 
Ámbitos de trabajo:

​Filosofía, educación

 
Quiero contactarle:

​jmesquirol@ub.edu

 
Tiempo de lectura:

​Preparar una pizza casera

 
What if?

​¿Creamos espacios de proximidad con nuestros compañeros de trabajo que faciliten esa resistencia íntima? 

 
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​​​

​Su abuelo era pastor, su padre carnicero, Josep María Esquirol es filósofo. Entró en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y allí se quedó, aprendiendo y enseñando el arte de vivir, que para él no es otra cosa que sentir y pensar, porque “no hay nada más espectacular y misterioso que vivir la vida”. 

​En su último ensayo, titulado la “Resistencia íntima” (Acantilado​, 2015), Esquirol reflexiona sobre el mundo hipermoderno y este deseo de proyección: más lejos, más grande, tan uniforme, siempre on. Con el desierto y el océano como metáforas de la Historia del pensamiento, el autor apuesta por una visión alternativa que pasa por crear espacios de intimidad que nos permitan seguir. 

​"Vivir, existir, no es sólo avanzar, dominar, proyectarse, moverse hacia delante y expandirse. Vivir es también, y fundamentalmente, un movimiento de protección, de amparo, de resguardo y de refugio en la intimidad, entendida como cercaní​a"

​¿Qué le movió a escribir “La resistencia íntima”? 

​A veces uno no se propone escribir un libro, sino que más bien éste surge como fruto de un proceso que lo trasciende. “La resistencia íntima” es el resultado de una trayectoria, de una línea de ensayo personal que comenzó hace catorce o quince años. Publiqué entonces un primer libro llamado “El respeto o la mirada atenta”, que versaba sobre lo que significa la atención y la conversión de la mirada, y después “El respirar de los días”, en el que hablaba de la experiencia del tiempo. 

"La resistencia íntima" ​es un nuevo hito de esta trayectoria. En diálogo con autores contemporáneos, mi propósito consiste en elaborar una filosofía de la proximidad. Este es mi horizonte de trabajo. 

​Para los lectores que todavía no le conocen, ¿cómo define el concepto de “resistencia íntima”?

Vivir, existir, no es sólo avanzar, dominar, proyectarse, moverse hacia delante y expandirse. Vivir es también, y fundamentalmente, un movimiento de protección, de amparo, de resguardo y de refugio en la intimidad entendida como cercanía. 

Dado que la palabra “resistencia” se suele situar en el registro político, le añadí un adjetivo desconcertante como “íntima” para llevarla así a la dimensión antropológica. Se trata de darse cuenta de que la vida está sometida a fuerzas disgregantes de diversa naturaleza y que, por eso, definimos y elaboramos formas de resistencia y de amparo, la mayoría de las cuales adquieren la forma de lo familiar y de lo próximo. Creamos proximidad y, evidentemente, en la proximidad destaca, sobre todo, la figura del “prójimo”. 

​Sorprende en su ensayo la visión de la vida como trabajo, como un ejercicio costoso. ¿Resistente se nace o se hace?

La vida es una tendencia, una aspiración, y toda tendencia implica un esfuerzo. La dificultad está ahí, es esencial, y vivir supone aprender a enfrentarse con ella. Está claro que hay gozo y hay alegría, pero hay alegría y gozo precisamente porque hay dificultad e intemperie. Vivir al descubierto significa tener que crear refugio y buscar el sentido de las cosas y de la vida misma.  Este es el esfuerzo o el trabajo de la vida. La alegría se da cuando en este camino de esfuerzo aparece la belleza, cuando se encuentran rastros del sentido y, en particular, cuando belleza y sentido se experimentan en la proximidad de la amistad, de la familia, de la compañía… ​

​Su ensayo distingue la actitud nihilista de quien nada espera de la vida del que resiste y sigue tirando del hilo, confiando en el cotidiano. ¿Qué tiene de bendita la normalidad para nuestra sociedad?

​Cierto menosprecio de lo cotidiano tiene que ver con la herencia existencialista, que relacionaba lo cotidiano y lo normal con una existencia más bien gris, mediocre, impersonal. Parecía que la existencia auténtica, la que valía la pena, era sólo la que se alejaba de la cotidianidad. Tal  comprensión ha marcado una época, pero precisamente por eso resulta oportuno y necesario reivindicar lo cotidiano, porque esta batalla conceptual tiene una repercusión directa en nuestra manera de entender y de vivir la vida. En la cotidianidad hay mucha hondura y mucha riqueza.  ​

​La resistencia íntima es también una reivindicación de la vida sencilla: “Evitemos buscar siempre lo extraordinario, admirémonos de lo simple y llano y aprendamos a apreciarlo porque, desde cierto punto de vista, es lo más sublime de todo. He ahí la lección”. ¿Vivir con sencillez es más difícil en nuestra sociedad de consumo?

​En cierto modo sí. En la sociedad consumista predominan las apariencias, tan atractivas como  efímeras; priman el escaparate y la luminosidad. La invasión de imágenes muy sugestivas pero superficiales lleva más a la frustración que a otra cosa. Creo que se trata de una nueva forma de alienación, muy eficaz porque pasa desapercibida. La de hoy no es la alienación religiosa, que denunció Marx​, sino la del espectáculo “mediático y comunicativo” que nos saca de nosotros mismos pero ni nos devuelve en mejores condiciones, ni nos ayuda a madurar. La sencillez es una resistencia ante esta nueva alienación.

Aterrizado al mundo del trabajo, su ensayo defiende el cómo por encima del qué y el valor que damos al momento: “Hacer las cosas bien depende de cómo se hagan las cosas”. Y añade: “Pastor, carnicero, campesino, cerrajero, masajista. No hay oficios más sabios que otros”. Ahora que se habla mucho de hacer realidad el trabajo de nuestros sueños, ¿realmente no es tanto el qué, sino, sobre todo, el cómo?

​Mi abuelo era pastor y mi padre carnicero. Viéndoles aprendí que el trabajo bien hecho es un arte. Casi todas las tareas entrañan una gran dificultad cuando de lo que se trata es de hacerlas con maestría. Ser un buen pastor requiere adquirir una determinada forma de mirar, de tratar a las ovejas, de tener paciencia y de vivir el tiempo…  El oficio de carnicero está vinculado con la inteligencia del gesto corporal, la destreza de cortar por el punto justo, y con la palabra amable hacia las personas…  ​

Hay quien alcanza esta perfección en su oficio y, sin vanagloriarse de ello, siente una especie de gozo implícito en hacer bien las cosas. La maestría puede darse en cualquier profesión y en la ejecución de cualquier función, por simple que parezca. ​

​Ese arte, ¿lo mueve la pasión? 

​Pasión es afectación. Estar apasionado significa “estar tocado por algo” o “llamado a algo”. Uno reacciona ante esa afectación y es ahí, con la experiencia, donde se produce el arte. Somos creadores de realidad, no necesariamente porque aquello que creamos sea nuevo, sino por la belleza y el valor que entraña lo que está bien hecho. Eso es creación. Y ya habrá quien sepa reconocerlo, aunque no sea la inmensa mayoría. Ya decía Platón​ que el reconocimiento que más cuenta no es el de la mayoría.

​En su ensayo reivindica también la vuelta a un nuevo materialismo: “El de las manos que toman y tocan; el de los olores que sentimos y el de los colores -fuera de las pantallas- que vemos”. En el mundo laboral, ahora que cada vez más personas tele-trabajan o trabajan desde cualquier parte, ¿cómo generar espacios de proximidad con los otros?  

La filosofía de la proximidad se aleja de los planteamientos sustancialitas. Esto significa que más importante que el sustantivo es el verbo. El casar, el reunir, el amparar es lo que da lugar a la casa, del mismo modo que es el aproximarse lo que convierte el otro en prójimo. El centro de gravedad está en la acción.

Evidentemente, podemos convertir el ámbito de trabajo en experiencia de proximidad al comportarnos como buenos compañeros, al hablar con franqueza, al ser amable, etc. Todo eso se nota en el ambiente. 

Yo vine a estudiar a esta Facultad de Filosofía​ y ya no salí de aquí (risas). La Universidad de Barcelona es muy grande, pero esta Facultad la he convertido, también, en mi casa. Aquí tuve la suerte de vivir la cercanía de mis maestros. Luego por mis clases han pasado generaciones de estudiantes que ahora están esparcidos por todas partes; con muchos mantengo relación y quedamos cuando viajo a su ciudad… Creo en esta posibilidad de estrechar lazos personales que no desaparezcan con el tiempo​.

​Habla del ser humano como refugio capaz de recibir, darse y dar, acompañar y cuidar. Y anuncia el peligro del aislamiento: “Ni recibir ni dar, esto sí que es aislamiento”.  Ahora que contamos con una tecnología capaz de acercarnos, ¿cómo evitar ese aislamiento? 

Distingo entre aislamiento y soledad. Pascal decía que todo el mal del hombre consiste en no saber estar a solas en una habitación. La soledad es la puerta de entrada a la compañía, por eso, soledad y compañía no están reñidas sino que se avienen. 

El aislamiento es algo diferente que se produce de forma involuntaria y consiste en tener pocos o casi ningún vínculo social, y es una característica de determinadas sociedades. Por poner un ejemplo extremo: una de las políticas intencionadas del nazismo fue precisamente ésta, la de crear una sociedad de gente masificada y aislada, sin lazos. Porque una sociedad de individuos aislados es una sociedad altamente moldeable y, por eso, potencialmente totalitaria; muy débil y susceptible de ser manipulada. 

De ahí el que deba interesarnos construir una sociedad donde sea posible la soledad pero no el aislamiento; donde sea posible el silencio y el diálogo, y escasos el mutismo y la verborrea. En eso se juega la madurez personal y social.

​¿Reimaginar el trabajo es volver a hacer el trabajo que mejor sabemos hacer como seres humanos? 

Sí, producir, elaborar, crear, colaborar, intercambiar, ese es nuestro trabajo. Reimaginar el trabajo es recuperar su sentido; dotarlo de sentido. Y eso, en parte, depende de cada uno de nosotros. En mi caso, ser profesor de filosofía significa estar a la altura de lo que significa la experiencia del pensar. Se requiere paciencia, dedicación y también generosidad. Pensar no es un ejercicio meramente teórico, es una experiencia contagiosa que nos compromete con la vida y con nuestra forma de vivirla.

Hace unas semanas vinieron a verme unos investigadores del CSIC​ dedicados a inteligencia artificial y que habían conectado mucho con la idea de la mirada atenta y de la resistencia íntima. La inteligencia artificial, a pesar de sus avances, ocupa un lugar minúsculo en el pensar. 

Ser profesor de filosofía significa dar testimonio, compartir e irradiar la experiencia del pensar. Esta es la razón por la cual pensamiento, diálogo y comunidad van juntos.

​¿Qué innovación tecnológica le gustaría vivir? 

Si te soy sincero, ninguna. Seguro que el futuro nos depara momentos increíbles y emocionantes  en lo relativo a las innovaciones tecnológicas, pero para mí no hay nada más digno de continua admiración que la vida misma, que esta maravilla del sentirse viviendo, que este misterio del sentir infinito. 

Lo que me gustaría ver no es un cambio tecnológico, sino social: un paso enorme en la verdadera realización de la fraternidad, que sería la mejor forma de intensificar la vida.

COMENTARIOS
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Ángela Botero Pulgarin  (12/12/2017 11:07)

​brindo po la filosofía cotidiana, por la experiencia como testimonio de sabidurías sencillas. Gracias por acercarnos a la ternura íntima ínfima infinita

Yelena Sayko  (25/08/2015 19:18)

​Ha sido La lectura del verano para mí, sin duda alguna. Muy recomendable para trabajdores freelance.

Antonio   (25/08/2015 10:30)

​He leído la resistencia íntima y en esta entrevista encuentro claves que no había visto. En medio del ruído de redes sociales, el pensamiento del profesor Esquirol es necesario que se escuche: De ahí el que deba interesarnos construir una sociedad donde sea posible la soledad pero no el aislamiento; donde sea posible el silencio y el diálogo, y escasos el mutismo y la verborrea. En eso se juega la madurez personal y social.​