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"El futuro es una cuestión de habilidades y competencias"
Francesc Pujol / @newsreputation
Universidad de Navarra
17/09/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Francesc Pujol

 
A qué se dedica:

​Director del Programa "Economics, Leadership & Governance" de la Universidad de Navarra

 
Ámbitos de trabajo:

Reputación, intangibles, branding, media, métricas

 
Quiero contactarle:

​@newsreputation​

 
Tiempo de lectura:

​Un paseo por la Selva de Irati

 
What if?

​¿En lugar de tratar de cambiar el sistema creamos espacios de trabajo donde colaborar con los que comparten nuestras intuiciones?

 
@cyctweet
​​​

​Se abre el telón, un licenciado en Económicas - hoy profesor, siempre aprendiente- habla con nosotros sobre el futuro del trabajo. Por la conversación, llena de intangibles, desfila el fotógrafo Brandon Stanton,​ un grupo de mochileros con futuro, Ada Colau y Policía, no en este orden. ​¿Quién es él? 

Conocido en Twitter como Newsreputation, Francesc Pujol es un amante de las preguntas que a día de hoy dirige el programa de "Economics, Leadership & Governance" de la Facultad de Económicas de la Universidad de Navarra​. Mañana, ya veremos. 

​"El que estudia recibe cosas sabidas, el que aprende está descubriendo, siempre. El que estudia se aferra a soluciones, el que aprende no sabe si las hay, por eso se hace preguntas, busca". 

​Séneca aconsejaba convertirse en “artesanos de nuestra existencia”. Diseñar una profesión, ¿es tarea de toda una vida? 

Me encanta que comencemos por ahí, porque esta pregunta afecta directamente a la crisis que estoy viviendo, una crisis de exploración y nuevas preguntas que me ha llevado a ver la diferencia entre la gente que vive y trabaja aprendiendo y aquella que considera el trabajo como un mal menor de ocho horas que sirve para ganarse el sustento y llevar a cabo las actividades que realmente le interesan. 

Sin querer simplificar causas y diagnósticos, creo que esa segunda visión del trabajo es un mal menor, hijo directo de un sistema educativo que nos dice que, mientras nos formamos, nuestra única misión es estudiar, recibir lo que otros nos dan, aprender y callar, una lógica que nos va machacando durante años y que nos lleva a pensar que la clave está en seguir las reglas y hacer lo que nos dicen.

Tenemos que darle la vuelta a este discurso, un poco voluntarista y, sin tratar de ir contra el sistema -porque es imposible cambiar el sistema- darnos cuenta de que basta con que uno mismo crea que vivir es aprender, que no somos estudiantes, somos aprendientes. 

Vemos aflorar profesiones nuevas, cuyo nombre todavía desconocemos. ¿Crees que parte de la crisis pasa por esta necesidad de encasillar a las personas? 

Yo estoy haciendo un ejercicio en estos momentos que pasa por preguntarme: "Francesc, ¿tú quién eres?"  En Branding, cuando formulamos esta cuestión, buscamos descubrir cuáles son los valores y motivaciones de una marca o empresa. Yo tengo ideas e intuiciones relacionadas con mi trabajo y mis intereses, todavía no he encontrado el hilo conductor que las une, pero sé que no soy un economista, ni tampoco soy profesor, aunque ambas actividades formen parte de mi vida. 

Quizá en el ámbito médico o científico este ejercicio es más fácil, pero cuando hablamos de profesiones relacionadas con las personas y el ámbito social, las reglas están cambiando, y decidirse por una única profesión es algo raro. Además, creo que la respuesta a lo que uno es no se formula en base a un oficio, sino en base a unos valores. ​

​Dicen que nuestros hijos tendrán una media de quince trabajos distintos. En el  futuro, ¿haremos varias cosas a la vez, con un trasfondo de habilidades y destrezas que harán de hilo conductor? ¿Crees que va por ahí? 

Creo que ése es precisamente el diagnóstico que nos lleva a replantearnos cómo formar a las personas para abordar correctamente el futuro del trabajo. Ahora mismo estamos formando a personas para ejercer una profesión cuya evolución en cinco, diez años, desconocemos por completo. Por eso, ¿qué pasaría si, en lugar de centrarnos en definir una profesión, nos centráramos en definir proyectos? La gente trabajará en proyectos, y esos proyectos irán diseñando su perfil profesional. 

Esto es un inconveniente para las personas que buscan vivir en la zona de confort, pero es un reto muy bonito para los que somos aventureros. Nos guste o no, el contexto laboral que vamos a vivir va en esa dirección, y es responsabilidad de cada uno ir diseñando proyectos que a su vez puedan conectar con otros. Por decirlo de alguna forma, vamos a ser mochileros en empresas mochileras en las que llevaremos a cabo proyectos que nos llevarán a vivir en un continuo aprendizaje: el futuro es una cuestión pura y dura de habilidades y competencias.

​Pero entonces, ¿cómo podemos hacer para empezar a evaluar, durante los estudios, todas esas habilidades como la inteligencia social, el liderazgo, la intuición o la capacidad de toma de decisiones? 

​Hacerlo implicaría cambiar el sistema, pero el sistema no podemos cambiarlo. Yo renuncio a ello. Ahora bien, está claro que el futuro va por ahí, y sería una injusticia para los alumnos no hacerlo. Por eso, en lugar de proponer soluciones para el sistema, hagamos de pioneros: abramos esferas compatibles con las demandas del sistema que nos permitan diseñar actividades que ayuden a los jóvenes a identificar sus talentos y habilidades. 

Luchar contra el sistema no sirve de nada, mientras que esta dinámica te permite avanzar. Si unes a los que conectan con estas intuiciones, los juntas y creas proyectos con ellos, tanto los que vienen a aprender como los que vienen a compartir serán capaces de diseñar herramientas, métodos y actividades que permitan aflorar todo el talento de los jóvenes. Y luego, el tiempo dirá si la idea original fue buena, y será el propio sistema el que quiera integrarla. 

​Conectando con la primera pregunta sobre la profesión como un ejercicio de artesanía, aquellos directivos que hoy en día consiguen conectar con el nuevo modelo de liderazgo de los más jóvenes probablemente son personas que han sabido mantener este hambre por seguir aprendiendo, ¿no? 

​Exacto. ¿Cuál es la diferencia entre el que estudia y el que aprende? El que estudia recibe cosas sabidas, el que aprende siempre está descubriendo. El que estudia se aferra a soluciones, el que aprende no sabe si hay solución, pero se hace preguntas, busca respuestas y, por lo tanto, está dispuesto a escuchar. 

El aprendiente tiene una actitud de duda que comparten todos los que trabajan abrazando esta cultura del saber que nos lleva a querer aprender, a disfrutar con lo que hacemos y a aportar, sabiendo que las reglas no están siempre definidas. 

Ese tipo de trabajadores sólo pueden trabajar con directivos que también son aprendientes, personas que escuchan a sus trabajadores, descubren con ellos y aprenden de ellos. 

​¿Qué se puede aprender en la universidad que no esté en Internet, en un Mooc o en YouTube​

​Pues, precisamente, en estos momentos, casi nada (RISAS). Ahora bien, la universidad lo que sí te va a dar es disciplina, y esto es bueno, porque todos somos perezosos por naturaleza. La ventaja competitiva de una universidad es la presencialidad, un remedio maravilloso para los cómodos, que somos el 97% de la población. 

Google, los Mooc o la búsqueda por internet sirven para aprender, pero para eso hay que ser una persona muy dinámica y proactiva, capaz de buscar y construir un discurso por cuenta propia. ​

​¿Dónde ves entonces el potencial de la tecnología aplicado a la educación? 

Creo que es todavía minoritario, pero, para los que están en esa zona de aprendientes, la tecnología es muy útil y conecta muy bien con la universidad, porque el primer descubrimiento se produce en el aula, y luego uno continúa por cuenta propia, explotando al máximo la faceta de lo que le gusta y lo que se le da bien. 

Hay una lógica muy fuerte vinculada al deseo de aprender que deberíamos inculcar desde la infancia: educarse es buscar, descubrir quién eres, aprender, exponerte, crecer y compartir todo ese conocimiento con los demás. 

​¿Ese deseo de seguir aprendiendo es el que te conecta con toda tu actividad en Twitter y el mundo on-line? 

​Yo entré a Twitter a remolque. No quería. Pero una persona del IESE que también trabaja en temas de reputación me dijo: Francesc, entra, verás que la capacidad de medir es asombrosa. 

En Twitter encontré lo que no buscaba, básicamente porque no sabía que existía: un espacio alucinante de descubrimiento. Toda esta dinámica de dudas que yo ya tenía sobre el sistema actual se aceleró cuando empecé a interactuar con profesionales de otros ámbitos. ​

Pasando al tema de la reputación, uno de tus ámbitos de expertise¿Qué tienen en común las empresas que gozan de una buena reputación on-line? 

El único punto en común es que las empresas que tienen una buena reputación on-line son aquellas que tienen una buena reputación off-line. Esto quieres decir que son muy buenas en la prestación de servicios, tienen muy claros sus valores y trabajan comprometidos: con sus trabajadores, con sus clientes, con la sociedad. Todo lo demás es puro marketing que se deshincha y provoca crisis colosales. 

En realidad, las empresas que gozan de buena reputación on-line no necesitan hablar mucho de ellas mismas, juegan a contar historias que conectan con sus valores, celebran eventos o ponen en marcha patrocinios que luego comparten en sus redes sociales y la gente, porque les conoce, las percibe como algo coherente. 

​¿Podrías hablarnos de una institución, un político, una marca y una persona cuya reputación on-line te parezca interesante? 

Policía es el caso clásico, pero merece un reconocimiento por el trabajo excepcional que ha hecho. Y, no nos engañemos: si la Policia ha conseguido este gran éxito en las redes sociales, cualquiera puede hacerlo. Es la principal moraleja que extraemos de este caso, porque no hay producto más dificil de vender en redes sociales que decir “La Policía está contigo”, sobre todo en un ámbito tan hostil como Twitter. 

¿Una política? Ada Colau. Lo hace de maravilla, porque no lo utiliza como arma política. Colau era militante social, y desde el principio sabía que tenía un aliado en las redes sociales: ella no las utilizó, las usó. Ahora que es política, lo sigue haciendo de una forma excepcional.

Una marca muy divertida es Innocent Drinks, zumos cien por cien naturales. Con su discurso en redes sociales han logrado construir una marca extremadamente agradable: no puedes más que estar enamorado de esa marca.


Inmaculada Urrea​, una grande del branding de moda, en una de nuestras discusiones en Twitter sobre Lovemarks defendía que es posible amar una marca. Yo creo que no, pero la verdad es que en este caso sí que lo estoy.


Por último, Humans of New York es un caso maravilloso a nivel personal. No sé casi nada de su fundador, Brandon Stanton​, pero en realidad lo sé casi todo, porque las historias que comparte dicen mucho de él. ​

Las redes sociales y la reputación on-line tienen mucho de emoción. ¿Dónde queda la razón en una sociedad que comunica principalmente en base a la emoción? 

Es un gran tema, una de las grandes dimensiones de nuestro mundo actual. Nuestras sociedades occidentales, las otras no lo sé, están completamente dominadas por la emoción. 

Creo que esto es fruto natural de una estructura de sociedad en la que muchos han perdido los porqués: el porqué de la vida y el porqué de muchas otras cuestiones han sido expulsados sin colocar antes un sustituto, pero eso no quita para que nuestra vida más íntima choque muchas veces con estas preguntas: por qué vivo, por qué muero, por qué se mueren... Son cuestiones en lo más íntimo de nuestro corazón, cuestiones que impregnan nuestra manera de ser. 

Funcionamos por emociones y conectamos con emociones positivas precisamente porque éstas conectan con esas intuiciones que afectan a nuestra realidad más íntima, y el hecho de compartirlas nos permite seguir conectados unos con otros, aunque no compartamos los mismos principios. ​

Lo siento por aquellos que lamentan esta horrible pérdida del espacio filosófico actualmente, pero creo que, si quieres llegar y quieres convencer, hoy en día es iluso intentarlo desde la razón, porque no es el camino que conecta con la gente. El camino es el camino de las emociones. Y luego, desde ahí, uno puede tratar de llegar a descubrir una serie de razones.

​La huella digital es otra cuestión que plantea todo el mundo on-line. ¿Qué opinas del derecho al olvido? 

​Este es otro tema apasionante para el que no tenemos todavía una respuesta. Y quien diga lo contrario miente, porque en este campo, todos somos aprendientes: todos tenemos que aprender qué significa la huella digital, cómo afrontarla, cómo aprender. 

Se trata de un concepto muy abierto, que plantea cuestiones antropológicas apasionantes; preguntas nuevas, nunca formuladas hasta ahora; precisamente porque este rastro, esta huella, este acceso a la esfera más íntima de las personas, no existía antes de Internet. 

Creo que la respuesta no es el derecho al olvido. Esta premisa incluye una respuesta, y lo que estamos buscando en realidad es un espacio nuevo donde reflexionar sobre esta nueva realidad. En el caso de la huella digital, me atrae la idea de asumir la imperfección publica, real, visible, la nuestra. Creo que hacerlo puede ayudarnos a evolucionar y convertirse en un aliado de la sinceridad de vida. 

No se trata de olvidar. Olvidar no siempre es bueno, sobre todo cuando lo que uno ha hecho no ha estado bien. En cualquier caso, lo interesante son todas esas preguntas que el mismo debate genera. 

​Por último, ¿qué innovación tecnológica te gustaría vivir?  

El holograma. Creo que voy a vivir esta innovación, me parece realmente útil. Tendremos reuniones, conferencias, clases... Bien construido, bien reforzado, bien iluminado, permitiéndome interactuar si es directo... Se aplicará a muchos ámbitos, pero me gustaría ver cómo afecta a la educación. 

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Anónimo   (17/02/2016 17:10)