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"Hay una gran oportunidad en la compresión del arte a través de la tecnología"
Miguel López-Remiro / @mlopezremiro
Miguel López-Remiro
07/10/2015
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Quién es:

​Miguel López-Remiro & Forcada

 
A qué se dedica:

​Miguel López-Remiro & Forcada

 
Ámbitos de trabajo:

Arte, cultura, educación, innovación, liderazgo

 
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Reparar una caldera

 
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​¿Las empresas contaran con Directores de Arte? 

 
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​​​

​Universidad de Yale, año 1969. Durante su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa, el artista Mark Rothko revisita su pasado: “No teníamos nada que perder y sí toda una visión que ganar”. Casi medio siglo después, el español que editó y publicó por vez primera la obra escrita de Rothko escucha su semblanza profesional antes de una charla

​“Miguel López- Remiro", cuenta la voz que le presenta, "es economista y Doctor en Estética, MBA por el IESE, primer español graduado por el Getty Leadership Institute, Visiting Scholar en la Universidad de California, Subdirector Curatorial del Museo Guggenheim Bilbao y Director fundador del Museo Universidad de Navarra. En la actualidad, trabaja como profesor de la Universidad de Navarra y economista de la cultura". 

​"Creo que esta sociedad ultra tecnológica, donde los robots van a hacer muchas cosas, hay un futuro en la narrativa, en esa capacidad de ser innovadores, y para eso necesitamos directores que sean artistas capaces de convocar el talento, inspirarlo y retenerlo" 

¿Cómo ha logrado unir todas esas facetas tan diferentes en su perfil profesional?

​Hace un par de meses me invitaron a una escuela de negocios para hablar a jóvenes estudiantes.​ Mientras escuchaba a la persona que me presentaba hablar de mis hitos profesionales, vi pasar mi propia vida. Al tomar la palabra, quise añadir: Bueno, he fracasado muchas veces también. Uno ve todo lo que ha hecho y piensa: sí, pero todo esto lo he hecho porque también he ido fracasando, y esos fracasos me han llevado a tomar nuevas direcciones en mi vida.

Creo que en mi vida profesional todo está por hacer todavía, los giros que ha dado mi carrera son la consecuencia de situaciones en las que me daba cuenta de que tenía que adaptarme y mejorar para llegar al lugar en el que yo quería estar. Tal vez no lo parece, pero miro hacia atrás y encuentro un hilo conductor: hay una narrativa en mi vida, he ido buscando con pasión la manera de ser mejor, trabajar mejor, sin perder de vista que soy artista y tengo la necesidad de hacer arte, pero vivo en este mundo, y tengo una familia.

​¿Cómo llega un artista a licenciarse en Económicas?

Mi abuelo, que se apellidaba Forcada, era un hombre que me transmitió mucha pasión. Estudié economía porque me gustaba ver a mi abuelo. Él estuchaba azucar que después se exportaba a Francia, y a mí aquello me parecía estimulante. 

Mi abuelo era un hombre que tuvo que inventarse a sí mismo para sacar adelante a su familia. Recuerdo que, cuando llegaba a vender mil toneladas, nos invitaba a todos a comer y nos daba un discurso. Mi abuelo había sido alcalde en Tudela, era un hombre muy carismático. Él fue quien me inspiró a estudiar Económicas. Pensé: bueno, aquí debe haber emprendedores. 

Al entrar en la universidad, me encontré con profesores como María Antonia Labrada, capaces de recoger talentos de la gente y fomentarlos. En mi caso fue una casualidad: se enteraron de que pintaba y de ahí vino.​

​Llega a Rothko de una forma casi mitológica. ¿Nos cuenta la historia?

Hemos hecho mudanza a Madrid hace poco y en las mudanzas pasa que uno encuentra cosas. Yo encontré entre mis archivos un folleto antiguo diseñado por Miguel Izco donde aparece una foto mía pintando en Berlin. Era el verano de 1998, estaba en tercero de Económicas y decidí marcharme allí a pintar por un mes. Cuando llegué pregunté a una moderna profesora llamada Ulrike si conocía a algún artista donde pudiera trabajar, me respondió que sí y me dio su teléfono.

En una de sus visitas al estudio, yo acababa de terminar un cuadro. Monika comenzó a describirlo y terminó diciendo: “Geschenk des Himmels”, “es un regalo del cielo”. Aquel cuadro lo vio Elena Asins a mi vuelta a mi estudio en Etxaleku: “Deberías estudiar a Rothko”. Luego vino la gente de la Cátedra Félix Huarte​, lo compraron y me ofrecieron escribir una tesis precisamente sobre Rothko. El cuadro lo titulé “Geschenk des Himmels​". 

​¿Qué le ha enseñado Rothko? 

No lo sé. Mucho. Cuando Elena Asins me dice: “Deberías estudiar a Rothko”, yo tenía un estudio en Etxaleku, un pueblo en el valle de Imotz y no sabía quién era. Y, bueno, la vida es así. No había estudiado a Rothko​, y tampoco me interesaban mucho las clasificaciones evolutivas de abstracción. La “Historia del Arte” que a mí me gusta es otra.​

De Rothko he aprendido mucho: leyendo y estudiando. Pero también he apren​dido que puedes ser capaz, de joven, de descubrir algo que nadie había descubierto. Y eso para mí no es un gesto de auto-complacencia, es más bien un hecho que marca una inercia, algo que te hace ver que en la vida puedes conseguir cosas: si te lo propones, si se dan las circunstancias, si lo sigues con pasión…

Un momento muy importante en mi vida es cuando los hijos de Rothko me dieron las gracias en nombre de su padre. Su padre se suicidó cuando ellos eran jóvenes. Se produjo un litigio muy grande por ver quién se quedaba con el legado de Rothko. La madre falleció a los seis meses y ellos se sintieron huérfanos, huérfanos de un gran genio. En las cartas se ve que Rothko era un hombre de una talla moral muy grande, y yo creo que ellos ven en esas cartas al padre que no habían leído. Cosas así te marcan de por vida. Me hace muy feliz haber tenido esa oportunidad.

Y sí, soy Rothkiano, sigo estudiando, sigo leyéndolo, sin convertirme en un obsesionado, aunque aceptando que me ha influído mucho. Es un gran ejemplo de vida. Nuestra vida se forma a través de maestros y ejemplos, y Rothko es un ejemplo: supo luchar, tuvo una vida fascinante, muy vital. Fue un judío emigrado a EEUU, que no sabía hablar inglés, pero consiguió una beca para estudiar en Yale, quería ser actor y acabó convertido en pintor... No sé, es un hombre que siguió su instinto. Y peleó por él. Su final trágico es una cuestión difícil de entender.  

​¿Hasta qué punto cree que la intuición es importante en el diseño de una profesión?

Creo que juega un papel muy importante. Se parece a la práctica artística: cuando estás dibujando o trabajando en un lienzo, hay una inercia, un sentido interno. Creo que la intuición es dejarse llevar por esa inercia, una inercia creativa que te dice: debo seguir por aquí. Igual uno es un poco torpe a la hora de detectarlo, pero siente que está bien orientado, uno cree en lo que está haciendo, pase lo que pase, uno cree que está bien. 

Me lo dijo una vez Elena Asins: donde hay un talento, hay una necesidad de trabajarlo. Si no lo trabajas, se puede convertir en frustración. De hecho, ella me decía que uno tiene una obligación con la sociedad a la hora de trabajarlo, de ahí lo interesante de la parábola de los talentos. 

Creo que esa inercia, esa intuición, es un signo de que tienes que seguir tu talento, es una necesidad latente. Yo he seguido esa inercia, y la experiencia me ha hecho muy feliz. Aunque luego haya tenido fracasos. Porque es verdad que fracasas, la vida es así, te encuentras con situaciones más difíciles de gestionar, pero yo las veo como circunstancias. 

¿Te acuerdas de aquella cita de El festín de Babette​: Un artista nunca es pobre? Es cierto. Hay un sentido de riqueza porque hay un don. Mejor o peor, pero, al final, uno persigue lo que quiere hacer: he pintado desde que tenía trece, catorce años. Ya veremos el día de mañana qué pasa con todo lo que he pintado, lo importante para mí es seguir esa intuición. En este sentido, la tecnología me está ayudando mucho.

​En un artículo que compartió recientemente, el Director de Tecnología de la Trinity University hablaba del peligro de excluir el arte de esa nueva ecuación educativa STEM (Science, Technology, Engineering, Maths). ¿Cree que es posible convertir cualquier trabajo en un lienzo en blanco sobre el que proyectar nuestras habilidades, nuestro arte?

​Ese artículo del que hablas se lo envié a un artista importante amigo mío. Su hijo estudia ingeniería en EEUU, pero no porque le interese la programación, sino más bien lo que se puede hacer a partir de ella. Los ingenieros tienen tal capacidad, tales destrezas para pensar, que son capaces de entrar con facilidad en el discurso de un artista, pero es porque tienen la capacidad de ser artistas en ese modo: cualquier persona que hoy proyecta una narrativa más allá de su trabajo en una oficina, participa en una conferencia, comparte un tuit, lidera un blog…

Cualquier persona que es capaz de salir de su zona de confort y generar valor, se convierte en alguien capaz de proyectar una narrativa determinada. Nuestro talento y nuestra marca personal están por encima de la empresa para la que trabajamos en un determinado momento. Al final, las empresas para las que trabajas son hitos, por encima de ellos estás tú. Ojalá la gente joven sepa ver esto, sepa dar a la huella digital la importancia que tiene. Y seguir sus talentos: sería como “artistificar” la carrera​. 

Se define como “Economista de la Cultura”. ¿En qué consiste su trabajo? 

En busca de una definición para mi trabajo caí en la cuenta de que existe ​​una rama de la Economía dedicada a estudiar el arte. Por ejemplo, ¿qué impacto ha podido tener en la ciudad de Bilbao la implantación del Guggenheim? El concepto es más amplio, pero, para mí, hablar de Economía de la Cultura es hablar de arte. No se trata de valorar solamente la conservación de unos objetos, sino de analizar cómo esos objetos artísticos están en un contexto social determinado. 

En el sector del arte, las tendencias emergentes que vemos relativas a los museos, por ejemplo, son brutales. El museo estático es algo que se va a cancelar en un momento determinado, porque va a ser imposible ver determinados cuadros. Ya vivimos un colapso para ver la Mona Lisa, por ejemplo, y ese colapso influye en la experiencia. 

Por otro lado, la tecnología nos permitirá disfrutar por ejemplo de una visión de La Gioconda​ que, aunque no sustituirá a la experiencia de verla en directo, permitirá adentrarse de una forma en su narrativa que pienso que todavía no somos capaces de anticipar. Ese es uno de los dilemas a los que los museos se tendrán que enfrentar. Pensar desde el punto de vista de la Economía – que es una ciencia social-, incluye trazar un plan para hacer sostenible un proyecto que permita ofrecer una experiencia de museo, o de colección, o de obra de arte. 

Pienso que necesitamos repensar la cultura desde la economía, porque tiene que ver con el desarrollo. Me interesa estudiar desde la economía como ciencia social la realidad del arte y el papel que juega dentro del desarrollo de la sociedad, la generación de valor y su sostenibilidad. De ahí mis clases orientadas a la creatividad o al emprendimiento, mis estudios como comisario para generar ideas o mi ayuda a colecciones como consultor.

​Su descripción del museo como plaza, como un lugar de aprendizaje y emprendizaje coincide mucho con la visión de nuestro entrevistado Joan Abellà, Gerente del MACBA. Él apostaba por los museos como lugares de gestión del conocimiento. ¿Cree que en el futuro necesitaremos museos? 

Hoy en día, un museo es uno de los pocos lugares  en los que la contemplación se autoimpone. Pagas por pararte, contemplar y meditar sobre los símbolos que otros han dejado. Un museo puede transformarte, realmente. Creo que en el futuro serán necesarios esos museos que son totémicos, lugares que orientan a la civilización. 

El Prado​ es un ejemplo excepcional, hay otros en el mundo, pero creo que van a ser necesarios los museos que lideran la civilización, aquellos capaces de contarnos qué ha hecho el hombre. 

Me interesan los museos que son ciudad, que son participación y que son por ello plaza. Los otros, los que se dedican al espectáculo, durarán, habrá modas, pero llegará una superproducción mayor… Ante la gente que es crítica con el Guggenheim Bilbao​ como si fuera un lugar dedicado al espectáculo, yo defiendo que es un ejemplo de transformación cultural y económica brutal, un paradigma que pasará a la historia. Es un ejemplo de la capacidad de un museo para transformar una ciudad, un ejemplo de liderazgo económico y artístico que traza ciudad y establece una plaza en contraposición a los museos concebidos como espectáculo o como catedral cultural cerrada en sí misma.

​Frank Gehry es un ejemplo de alguien que ha sido fiel a su intuición…

Son personas que pelean contra viento y marea. El Museo de Bilbao de Frank Gehry ​se inauguró en el año 97 y es el proyecto que le consolida. Él ya es mayor, es la historia de una persona coherente, una familia judía, humilde. Su abuela llevaba pescado a casa y lo dejaba en la bañera. Por eso, cuando ves las escamas del Guggenheim de Bilbao, piensas en ese niño, en el pescado y en la capacidad para imaginar. Me encanta la gente polémica que es disruptiva, la gente que está haciendo cosas nuevas. “Si no encuentras inspiración, mira en la papelera”, decía Gehry. A mí, esa negación, esa creación a través de la negación, me parece un ejemplo. Estás mirando en la basura, coges los papeles, los colocas y encuentras algo. Son proyectos que has rechazado, pero ese arrugamiento ha generado algo nuevo. 

Su diseño de museo establece una discusión sobre su papel en nuestra civilización: necesitamos museos que planteen nuevas formas de conocimiento que alumbren. Nunca ha habido tanta gente en los museos, es un síntoma de esta sociedad cansada que necesita conocimiento.

​¿Qué papel cree que jugará el arte en la empresa de los próximos años? 

Está bien que hagas esa pregunta, porque creo que la gestión artística es una realidad que va a venir. Recientemente publiqué una nota con Guido Stein​ del IESE hablando sobre claves artísticas aplicadas al mundo del management. En un momento dado, abordábamos la cuestión de la Dirección Artística en la empresa, porque creo que en las empresas debe haber directores de arte. 

Pero, ¿qué es un Director de Arte? Es alguien que apoya la innovación y sabe crear espacios que la fomenten. Alguien con un don o talento artístico capaz de detectar si una nueva implantación es buena o mala a nivel de branding en la empresa. Un Director de Arte es capaz de llevar la empresa a otra dimensión: a través de la creatividad y la innovación, y eso abre la posibilidad a nuevos negocios. 

Los grandes empresarios son de alguna forma artistas, personas capaces de tomar decisiones en un momento oportuno, de corregir o de marcar un determinado rumbo. El artista Murakami es un gran ejemplo. Su mayor obra es su empresa: Kaikai Kiki​, dedicada a la gestión de su obra, pero también a la gestión de obras de arte y artistas, merchandising, películas… Cuentan con ciento cincuenta empleados y, para él, su empresa es una obra de arte. Creo que esta sociedad ultra tecnológica, donde los robots van a hacer muchas cosas, hay un futuro en la narrativa. En esa capacidad de ser innovadores, y para eso necesitamos directores que sean artistas capaces de convocar el talento, inspirarlo y retenerlo.

​¿Ve una oportunidad para los humanistas en el mundo de la economía y la empresa?

Creo que las humanidades tienen un horizonte fenomenal, siempre que la gente no olvide lo realmente necesario. Y es que a veces, buscando la eficiencia del trabajo, olvidamos su razón de ser. 

El futuro no lo veo en la ultra especialización. En Deloitte​ ya han pedido que la gente omita la referencia de la Universidad en la que ha estudiado, de la misma manera que prohibieron en su día añadir una foto de perfil: las empresas buscan talento y el talento está muy ligado a la cultura y a la capacidad de crear cosas nuevas. La cultura es una “arena” donde poder ejercitar las destrezas que nos llevan a la intuición, al juego y a la creatividad.

​Por último, ¿qué innovación tecnológica le gustaría vivir? 

​Me interesan mucho los procesos de conocimiento y procesos creativos que surgen a partir de la tecnología, y veo una gran oportunidad en la compresión del arte a través de la tecnología. También pensar en cómo trabajarán los artistas del futuro, cómo se conservarán sus materiales y cómo se hará museo/ciudad/cultura desde una sociedad hiperconectada. 

Pienso que la aplicación  de la tecnología de la didáctica del arte y la comprensión de la cultura se convertirán en una industria que moverá e inspirará a las empresas, y a los individuos nos ayudará a comprender los signos de nuestra civilización y nos conducirán a espacios de creatividad y comunicación. 

Crédito fotografía: Elena Asins​

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Austin  (11/02/2017 10:35)

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Pau y Marta  (14/10/2015 10:38)

​Grandes respuestas a estas preguntas y fuertes motivaciones para la gente joven.

¡Genial, como siempre!


GRACIAS


Fermín   (13/10/2015 10:01)

​Fantásticas reflexiones.

Talento, talento y talento

Reimagina el trabajo  (12/10/2015 13:43)

​¡Muchas gracias Marga! Un abrazo

Marga Buxens  (09/10/2015 9:36)

​Unas estupendas reflexiones que ayudan mucho a dar un nuevo enfoque.