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"Me gustan los saltos de verdad, los que se hacen sin red"
Stephan Fuetterer / @sfuetterer
Experto en comunicación, social business y estrategia digital
27/10/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Stephan Fuetterer 

 
A qué se dedica:

Experto en comunicación, estrategia digital, innovación y coaching.

 
Ámbitos de trabajo:

​Social Business, Comunicación, RRPP, Internet.

 
Quiero contactarle:
Puedes hacerlo a través de su cuenta de LinkedIn.
 
Tiempo de lectura:

​Un café en el Thyssen

 
What if?

​¿Empezamos a hacer las cosas de otra manera? 

 
@cyctweet
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¿Cómo fue la reunión? ¿Por qué te inquieta ese cliente? ¿A quién vas a elegir para liderar ese nuevo proyecto?  Y así, un día tras otro. Stephan Fuetterer lo sabe: "En la sociedad como en los negocios, el comportamiento humano es siempre la clave, la tecnología es una simple herramienta". 

Dieciocho años después de fundar Best Relations, en noviembre de 2016 Stephan Fuetterer dejó la empresa para no volver. A sus espaldas quedaron años de trabajo y proyectos con primerísimas marcas. Sin embargo, sabe muy bien dónde encontrar aquello que ahora busca. La respuesta, dice, está “allá afuera”.

"Creo que, en nuestra jornada laboral, deberíamos reservarnos unos minutos cada día para pensar y realmente visionar"

Tras dieciocho años en Best Relations, la pregunta es casi obligada… ¿y ahora qué?
Ahora es el momento de poner en marcha las cosas que uno siempre quiere hacer pero que al final no hace. Suena tan fácil como ambicioso, pero, si se trabaja, realmente es más sencillo de lo que parece.

En su cuenta de LinkedIn menciona haber trabajado con clientes como Google, Samsung, Coca – Cola, BBVA, Repsol, Microsoft ¿por qué dejar algo que funciona tan bien?

La compañía funcionaba (y funciona) muy bien, y a lo largo de esos dieciocho años me ha dado tiempo a trabajar con muchos clientes. Con todos me he enfrentado a retos, he hecho proyectos de los que me siento muy orgulloso y de los que he aprendido mucho.

Sin embargo, después de tanto tiempo, por mucho que intentes ser innovador, terminas por caer en pautas repetitivas. Fue entonces cuando miré mi vida en perspectiva y vi que, junto a proyectos que había hecho y con los que había disfrutado, también quedaba mucho por hacer. No es que no lo hubiese intentado, sino más bien que, por circunstancias, no había podido culminarlo.

Con eso en la cabeza, me propuse entonces imaginar dónde estaría dentro de otros dieciocho años, y no pude más que constatar que, dentro de ese tiempo, no podía estar en el mismo lugar. Era el momento de intentar todas aquellas cosas que no había tenido ocasión de hacer, pero también otras que jamás se me habían ocurrido.

Suena arriesgado, ¿lo es?

Sí, pero es que a mí me gustan los saltos de verdad, los que se hacen sin red. Los otros, están bien, pero creo estás haciendo trampa. Antes de dar este paso, pensé en compaginar las dos cosas: seguir en la compañía y, a la vez, hacer lo que siempre he querido hacer. Pero, hacer eso, implicaría no estar al 100% en nada.

Cuando tenía la empresa, estaba plenamente implicado en ella y disfrutaba de estarlo. Por eso, cuando tomé la determinación de construir algo nuevo quise hacerlo igual que como lo había hecho con la empresa: apostando plenamente por ello.

En mi caso, los KPI (Key Performance Indicator) juegan un papel fundamental. Creo que en la vida disponemos solo de tiempo y que hay que aprender a gestionarlo. Mi KPI es el último día que tendré antes de morirme, y cuando llegue ese día me gustaría poder decir “He hecho estas cosas que me gustan mucho, o al menos lo he intentado”.

Pero, después de tanto tiempo, ¿cómo reimagina alguien que tiene una trayectoria definida, las cosas más asentadas… alguien que, en definitiva, está seguro?

Siendo sinceros, la zona de confort está muy bien. Sin embargo, no es la primera vez que en la vida me toca reinventarme, y eso ayuda. Una vez que se sale fuera, se ve que la zona de confort es nuestro mayor enemigo.

No es la primera vez que le escuchamos invitar a “saltar fuera de la zona de confort”, ¿qué tiene contra ella?

Desde un punto de vista personal, nada. La zona de confort es maravillosa para algunas personas, pero de la misma forma que hay personas más tranquilas, hay otras que son más inquietas. Si a eso le sumas mi dichoso KPI… emerge una idea con fuerza: intentarlo.

A lo largo de estos años he fracasado muchas veces, pero todo supone un aprendizaje que me impulsa a no encerrarme en la zona de confort. Claro que se está bien, pero yo el año que viene quiero comer y, en un mercado como el actual, o te reinventas constantemente o corres el riesgo de desaparecer. Es cuestión de entender el fracaso como aprendizaje. De impulsar la idea de la excelencia más que la de la perfección.

Durante años, ha conjugado su trabajo en Best Relations con la labor docente en diferentes universidades, y la presencia en organizaciones como DIRCOM o la Internet Society of Spain. ¿Cree que es importante estar en los dos campos para poder aprender?

Sí, por supuesto. Creo que los alumnos pueden aprender mucho de profesionales que diariamente se enfrentan a los retos del mercado. Las teorías, con todo el respeto, están muy bien y son fundamentales, pero la experiencia académica, en muchos casos, no puede serlo todo. Es también necesaria la presencia profesional, porque hay un vacío entre cómo deberían ser las cosas y cómo realmente son. Hay ocasiones en las que el vacío es tan grande que, si no se está presente en el mundo profesional, uno acaba limitándose a transmitir ideas de un lado a otro. Por eso es tan fundamental que ambos mundos estén conectados.

¿Y al revés, a usted le ayuda dar clases?

Aprendo mucho. Cuando doy clases el que más aprende, sin dudarlo, soy yo, porque veo las preocupaciones reales de los alumnos en ese momento. Esto se acentúa todavía más en másteres, donde los alumnos ya tienen cierta experiencia laboral y comparten sus retos del día a día.

Muchos de nuestros entrevistados afirman que la tecnología debe ser entendida como un instrumento y nunca como un fin. ¿Qué opina de esa afirmación?

Pienso que tienen razón, como siempre ha sido. En mi libro “The social business” invitaba a los lectores a pensar en la rueda o en la tecnología para hacer caminos. ¿Para qué se hacen carros, ruedas y carreteras? No es por el placer de ver girar una rueda, sino para que la gente pueda ir de un pueblo a otro, llevar una serie de materiales y generar riqueza. La tecnología por la tecnología no basta, tiene que estar al servicio de la finalidad. Si no hay un servicio que satisface, no vale.

¿Cree que la tecnología nos puede hacer más libres?

El hacernos más libres está en la mano de cada cual. Lo que permite la tecnología son posibilidades. El mayor drama humano es no tener la capacidad de escoger. La tecnología te permite tener más opciones donde escoger. Esto es el primer paso, en tu mano está el aprovecharlo o no.

​Ese potencial, ¿cómo puede ser aprovechado por empresas que no dispongan de los recursos con que cuentan gigantes como Alphabet, Coca – Cola o Nestlé?

​A las empresas les ocurre como a las personas. Siempre están muy ocupadas, preocupadas por el día a día, en manos del dios de la inercia. Esto hace que, en lugar de pensar, se pongan remedios, parches. Nos paramos demasiado poco y, cuando lo hacemos, es porque a la empresa le va mal o cuando ya es demasiado tarde.

Creo que, en nuestra jornada laboral, deberíamos reservarnos unos minutos cada día para pensar y realmente visionar. Es necesario que seamos resistentes al día a día. Con el nombre que sea: I+D+i, reflexionar, etc. pero tenemos que dedicarle un tiempo.

​¿Y esto cómo lo aplicamos a las empresas?

​Ya se está haciendo mediante lo que se conoce como mindfulness, la meditación en la empresa. Muchos departamentos de Recursos Humanos impulsan ya iniciativas así, en las que los trabajadores paran y se dedican durante un tiempo a no pensar. Párate unos minutos, deja la mente en blanco porque esto te permitirá no escribir sobre tachones sino sobre hojas en blanco lo que vayas a hacer a continuación.

​¿Por qué es tan complicado y tan sencillo comunicar?

​El problema viene ya de explicar la propia comunicación, algo que todos hacemos todos los días y a todas horas. La publicidad es más sencilla: la gente ve un anuncio, un resultado. En cambio, en comunicación aparecen un montón de factores. Por eso comunicar es algo tan complejo, porque depende de tus objetivos. Hay ocasiones en las que la comunicación es simple, otras en las que es más compleja, pero siempre es difícil explicar qué es.

El storytelling es muy importante, y pasa por crear una historia lo suficientemente buena como para que tu audiencia la recuerde. Digamos que es compleja porque trata precisamente de lo humano, y los humanos podemos llegar a ser muy complejos.

​Está en un momento en el que está reimaginando su vida profesional. Si tuviera que volver a empezar, ¿qué ha aprendido en estos dieciocho años de Best Relations?

​Un montón de cosas. Lo primero, que lo más importante son las personas, el equipo con el que trabajas. Es fundamental la confianza y saber seleccionar muy bien a las personas, darles cosas que les gusten y saber generar un entorno de trabajo en el que estén satisfechas y en el que, por lo tanto, su rendimiento sea estupendo. Pero, ante todo, hay que contar con ellas.

Durante estos años, al tratar con muchos clientes he aprendido que hay diferentes modelos de gestión, pero también que no todo está en tu mano. Muchas veces hay proyectos que a ti te gustaría hacer y al cliente también, pero hay un tercero que no lo aprueba. Al final, hay que aceptar que no podemos controlarlo todo.

Esto último lo aprendí también durante un curso de coaching que hice a principios de 2016. Entonces me di cuenta de lo que importante que es aprender a respetarse uno mismo. No me refiero a ser un pagado de ti mismo, sino a saber reivindicarte. En la vida hay que dejar que nos pasen cosas buenas.

​Por último, ¿qué innovación tecnológica le gustaría vivir? 

¡La teletransportación, sin duda!

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Reimagina el trabajo  (02/11/2015 9:33)

​¡Muchas gracias Fátima!

Fátima Redondo  (30/10/2015 16:21)

​Excelente reto. Me ha parecido muy interesante. Enhorabuena.