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"Los científicos del futuro serán contemplativos o no serán"
Marco Schorlemmer / @csic
Instituto de Investigación de IA del CSIC
18/11/2015
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A UN CLIC
Quién es:

​Marco Schorlemmer 

 
A qué se dedica:

​Instituto de Investigación en IA del CSIC 

 
Ámbitos de trabajo:

​Inteligencia Artificial, educación, ciencia

 
Quiero contactarle:

www.iiia.csic.es/es​

 
Tiempo de lectura:

​Diez minutos de silencio

 
What if?

​¿Diseñamos nuevas formas de colaboración y publicación científica? 

 
@cyctweet
​​​

​Marco Schorlemmer está de acuerdo con Francis Bacon​: la experiencia es la mejor prueba. Experto en Inteligencia Artificial aplicada al diseño de técnicas y algoritmos que permiten representar y razonar a través del ordenador, Schorlemmer trabaja desde el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC de Barcelona para devolver a la Ciencia valores como el asombro o el silencio, la paciencia o el trabajo en comunidad

​Su voz optimista pone en entredicho un sistema obsoleto, heredado de la sociedad industrial, que prima la explotación de recursos y la producción de bienes por encima de la experiencia científica. Con la Inteligencia Artificial como telón de fondo y la experiencia íntima como hilo conductor, entrevistamos a Schorlemmer para descubrir que “los científicos del futuro serán contemplativos o no serán”.

​“El científico debe ser consciente de lo que le motiva y le ilusiona para poder hacer una ciencia de Calidad con mayúsculas” 

​¿Cuánto de humano tiene la Inteligencia artificial?

​El tipo de Inteligencia Artificial (IA) que vamos creando es un reflejo de la comprensión que sus creadores tienen de lo humano: si nos vemos como seres racionales, la racionalidad será una característica esencial de la IA; si nos consideramos agentes individuales con unos objetivos y unas preferencias en cooperación o competición con otros agentes, crearemos nuestros agentes inteligentes y sus protocolos de interacción siguiendo esta premisa… Y así sucesivamente. La IA la creamos a partir de la imagen que tenemos de nosotros mismos como humanos. ​

¿Hay alguna corriente predominante en la visión actual que tenemos de la IA? 

Sí, hay un paradigma predominante en la forma en que esta disciplina se está enseñando en las Universidades, que coincide con esta visión de la IA que parte de agentes individuales que se relacionan con su entorno. La primera imagen que nos viene a la cabeza cuando pensamos en esta corriente seguramente sean los agentes robóticos, pero también hace referencia a programas que interactúan en un espacio virtual y a programas con conocimiento codificado que actúan en base a unas preferencias.

Mucha de la investigación en torno a IA hoy que hacemos hoy en día versa sobre determinadas técnicas que buscan ayudarnos a aprender mejor y a tomar mejores decisiones; decisiones complejas en entornos complejos, que se pueden cuantificar.

Además, hay en marcha toda una investigación en torno a aspectos sociales: a la hora de resolver un determinado problema, buscamos soluciones que permitan a un determinado agente trabajar con otro agente a partir de objetivos contradictorios, pero siempre desde este punto de vista de agentes individuales que buscan colaborar o competir. ​

​Como seres humanos, buscamos: sentido, respuestas. ¿Qué diferencia esa búsqueda tan propia de las personas con la cantidad de búsquedas que hacemos en la web? 

La búsqueda que hacemos en la web es una búsqueda de información que se limita a aquello que tiene forma y puede ser codificado, representado. Es difícil juzgar si este tipo de búsquedas son profundas o no: algunas pueden ser muy complejas, dirigidas a resolver problemas muy complicados, y otras pueden ser más superficiales o banales. Pero, al final, todas ellas son búsquedas de información. 

Cuando hablamos de la búsqueda como algo profundo y humano, supongo que nos referimos a aquellas que no se limitan únicamente a dar con información codificable, manipulable, representable, el tipo de información que podemos encontrar a través de la web. 

Creo que tenemos que distinguir entre dos tipos de investigación: una es la búsqueda de información, y otra es la búsqueda de nuestra propia interioridad o, utilizando el término del filósofo Josep María Esquirol​, la búsqueda de intimidad, que no es una búsqueda de información, sino una indagación en torno a nuestro ser que nos pone en contacto con lo que nos motiva y nos impulsa en la vida. Este tipo de indagación sobre la intimidad se escapa a la conceptualización de la lógica, porque va dirigida a una dimensión muy sutil del ser, que tiene que ver con lo experiencial.

​¿Podrías imaginar un futuro en el que la tecnología nos permita responder a preguntas más relacionadas con esta segunda dimensión que comentas? 

​Si nos ceñimos a todo aquello que podemos representar, codificar y buscar a través de la web o que la IA puede manipular, la web puede ser útil para encontrar un lugar donde iniciar esta búsqueda más profunda. Pero, al final, la búsqueda de uno mismo, la búsqueda de la interioridad, no es informativa, es experiencial. La tecnología, la IA puede ayudarnos a encontrar un punto de partida, pero la búsqueda en sí misma no podemos hacerla con la tecnología, tendremos que hacerla nosotros mismos​.

​¿Cuánto de esa búsqueda hay en la investigación científica? 

Francis Bacon decía que "La mejor demostración es, sin comparación, la experiencia.” Creo que, como Humanidad y como científicos, asistimos a un momento de la Historia en el que estamos mucho más en contacto con esta experiencia subjetiva, esencial para avanzar. Volviendo a mi terreno, creo que el científico debe ser consciente de lo que le motiva y le ilusiona para poder hacer una ciencia de Calidad con mayúscula. 

La investigación científica, también la IA, es en sí misma abstracta. Aunque tratemos con la realidad, utilizamos modelos y lenguajes abstractos, libres de valores. Pero, aunque la Ciencia más abstracta esté libre de valores, la tarea, lo que motiva al científico, lo que le mueve en una u otra dirección, sí está cargado de ellos: por eso es importante no perder el contacto con la experiencia subjetiva, con los valores que mueven nuestro trabajo​.

​Uno de los retos a los que nos enfrentamos hoy, sobre todo en el mundo del trabajo, es la sobreabundancia de información a nivel online. ¿Hasta qué punto esta saturación juega en contra del desarrollo personal que surge de la contemplación o el contacto personal?

​La sobreabundancia de información es un aspecto de nuestra sociedad actual, pero no es negativa en sí misma… siempre y cuando seamos capaces de anclarnos en una estabilidad interior que no nos deje a merced de este bombardeo de información. Por eso, toda esta actividad exterior, la que buscamos en la web, debe ir ligada a una actividad interior, una investigación que podríamos llamar contemplación, y que es absolutamente necesaria para sobrevivir en la sociedad actual: la capacidad de unir ambos mundos no es un lujo, es una necesidad muy importante. 

​¿A qué te refieres cuando hablas de contemplación? 

​Cuando pienso en contemplación, o en prácticas contemplativas, me refiero a todo el conjunto de técnicas, métodos y prácticas que la Humanidad ha ido creando a lo largo de milenios, prácticas que se han estructurado de una u otra forma según las religiones, y también fuera de ellas. Pueden incluir prácticas de aquietamiento como la meditación o el silencio, pero también de escucha atenta, escritura lenta y concentrada, o prácticas de movimiento como el yoga. Presentes en las tradiciones humanas, estas prácticas nos ayudan a cultivar la interioridad, desde caminar tranquilamente por la Naturaleza o leer un libro de poemas.​

​Observar la Naturaleza y comprender lo que significa volar o nadar nos ha permitido inventar aviones o submarinos. Cuando hablamos de IA, ¿cómo aplicar ese conocimiento humano para diseñar una tecnología mejor? 

Volvemos nuestra mirada a la Naturaleza en busca de inspiración, pero debemos ser conscientes de que esta comprensión que tenemos de fenómenos como volar es una comprensión objetiva, un análisis en el que dejamos de lado la experiencia en primera persona de lo que significa volar y todo aquello que forma parte del fenómeno.

Cuando decimos que un avión vuela, el avión no está teniendo una experiencia en primera persona del volar. De la misma manera, una máquina no tiene una experiencia en primera persona del pensar, porque está siguiendo un modelo​.

Creo que lo mismo se puede aplicar al concepto de pensar: podemos estudiar y catalizar los aspectos externos, representables, del pensar. Hoy en día contamos con sistemas lógicos que, con ayuda de la IA y los ordenadores, son capaces de capturar esta dimensión exterior del pensar, pero creo que debemos ser conscientes de que, al hacerlo, estamos dejando de lado la experiencia subjetiva, en primera persona, del pensar. 

No hay nada malo en ello. De hecho, se han hecho muchos algoritmos muy interesantes capaces de razonar, tomar decisiones y sacar conclusiones, pero esos algoritmos no cuentan con esa otra dimensión subjetiva, experiencial, íntima, que uno tiene al pensar. 

​La Ciencia tiene una faceta humana muy clara, que incluye esta capacidad de asombro y atención, de paciencia y servicio. ¿Cómo se integran estas facetas en un futuro donde cada vez más tareas son asumidas por máquinas?

Valores como el asombro, la atención o la paciencia son capacidades que encontramos en el núcleo de cualquier actividad científica de Calidad con mayúsculas. Y podríamos añadir unas cuantas: el silencio, la confianza para compartir ideas con otros y el trabajo en comunidad son valores que encontramos en el núcleo de toda actividad científica, y que necesitamos cultivar para no quedar atrapados en el sistema actual de la Ciencia. 

Los agentes inteligentes, sean robóticos o de software, nos podrán ayudar en aquellas tareas que hemos sido capaces de modelar y captar algorítmicamente, pero esta actividad externa, este pensar exteriorizado que hemos logrado representar hay que ligarlo y acoplarlo a nuestra intimidad humana, que es la que nos lleva a los valores fundamentales que mueven todo eso: el asombro, la paciencia o el servicio. Podemos ayudarnos de la tecnología, pero, para que vayan de la mano, tenemos que cultivar también nuestra interioridad.

​Has dedicado una década a trabajar sobre la web semántica. ¿Podrías describirnos brevemente en qué consiste?

La gran mayoría de contenidos que hay en la web son para consumo humano, no están representados de forma sistemática. Para un ordenador, no siempre resulta fácil “comprender”. Por ejemplo: ¿cómo puede un ordenador distinguir entre un banco de madera y un banco de alimentos, sabiendo que lo segundo no es un objeto sobre el que me puedo sentar? En general, estas sutilezas de la información no están representadas de forma que un ordenador pueda procesarlas con facilidad. Por tanto, el objetivo de la Web Semántica pasa por codificar y representar los contenidos que ponemos en la web para hacer que sean procesables de forma mecánica. 

Para ello, utilizamos lenguajes formales, de representación, basados en la lógica, que ofrecen razonamientos automatizados que nos permiten sacar nuevas conclusiones en torno a la información. Cada vez más, existen organismos y empresas que empiezan a volcar sus datos en la web para que sean procesables. Es lo que se conoce como open data; si además de ofrecerlos en un formato “razonable” estos contenidos vienen enlazados como datos abiertos vinculados, como Linked Open Data, estamos ante un potencial que nos permite cruzar datos y sacar conclusiones de mayor provecho en aplicaciones futuras​.

​¿Qué mecanismos hacen posible esta Web Semántica? 

La IA parte de una serie de metáforas que están muy arraigadas en el pensamiento contemporáneo: una de ellas es la de la mente como ordenador, una metáfora contemporánea que surge de otra más antigua, la mente como cuerpo físico. El lenguaje que utilizamos hoy día nos muestra muy bien esta conclusión. 

Por ejemplo, cuando decimos: “¿Cómo has llegado a esta conclusión?” estamos expresando el pensamiento como ideas que son lugares físicos. Cuando afirmamos: “Esto que me dices me lleva a pensar que puede estar equivocado” , expresamos la idea de pensar como una fuerza. Expresiones como “Estoy dandole vueltas, pero aún no me he decidido”, o “Explícamelo otra vez, que me he perdido” son también metáforas muy arraigadas, que representan a la mente como un cuerpo en movimiento, o también como una máquina. Decimos: “No me salen las ideas”,  o “Te falta un tornillo”, como si las ideas fueran producto de una máquina. 

La IA que hacemos siempre se fundamentará en una comprensión metafórica de la mente, del pensamiento y la inteligencia, pero una capacidad importante del ser humano reside precisamente en la habilidad para romper con ellas, elegir unas, desechar otras. Cuando usamos palabras o modelos nunca podemos referirnos a verdades absolutas, siempre tendremos que recurrir a metáforas basadas en nuestra experiencia vital como personas​. 

​Cuando hablamos de la Web Semántica aplicada a la Ciencia, ¿asistimos a un cambio importante en la forma en la que se publican, comparten y diseminan los resultados científicos? 

En nuestro Instituto hemos estado investigando nuevas formas de colaboración y publicación científica. La forma en que compartimos y hacemos diseminación científica va a cambiar: tiene que cambiar. Hoy, todavía predominan una serie de modelos que no son adecuados, modelos centrados en investigaciones científicas que se dan a conocer a través de artículos en revistas científicas, por ejemplo. Esta idea de publicación está en manos de las grandes editoriales y agencias de evaluación que, a mi modo de ver, están pervirtiendo la investigación. 

Los proyectos que hemos presentado son un intento de explorar otras maneras de colaborar y publicar. Lo que queremos es romper con el modelo rígido de artículo basado en las revistas de antaño y ofrecer una nueva forma de publicar resultados que se pueda relacionar con la forma de publicar documentos. Nuestro objetivo pasa por recuperar una confianza en los resultados y en su publicación que no sólo está basada en modelos cuantitativos, como el número de artículos publicado, el número de citas o el impacto generado. 

Todavía no estamos allí, todavía estamos en el sistema antiguo; trasladado a la web, publicado en .pdf tal vez, pero con un formato muy rígido, que no se adecua a las necesidades de publicación y diseminación de la Ciencia actual. El sistema va a cambiar, pero no sé cuándo, porque también aquí hay muchos intereses y muchas inercias​.

​¿Qué promesa de la tecnología te ilusiona más? Y, en todo caso, ¿hay algún escenario que te parezca preocupante? 

Es una pregunta difícil de responder. En realidad, lo que más me ilusiona no es la promesa de la tecnología, sino la esperanza que tengo en una Humanidad capaz de evolucionar hacia una relación sana y madura con la tecnología. Lo que encuentro preocupante es este hecho de que continuemos asumiendo los modelos socio-económicos rígidos imperantes, permitiendo que nuestra Humanidad esté dominada por ellos. 

Periódicamente, en la historia de la IA surgen voces que advierten sobre los peligros de crear una inteligencia artificial. Últimamente, también han vuelto ha surgir voces de científicos famosos, incluso muy famosos, que tratan de concienciar en este sentido. Creo que hay una gran parte de razón en lo que dicen, pero no creo que el peligro esté en diseñar máquinas inteligentes, sino más bien en cómo nos estructuramos nosotros como sociedad. 

Es cierto que, en determinadas tareas, los ordenadores ya superan o superarán nuestras capacidades humanas, pero el problema es que, si seguimos organizando nuestras sociedades según el modelo socio-económico racionalista, en parte muy estrecho, basado en la teoría dominante, lo que pasará es que tendremos todas las de perder, porque los ordenadores son mucho mejores que los humanos a la hora de tomar decisiones racionales basadas en estos modelos. 

El problema no es que los ordenadores sean más inteligentes, sino el hecho de que hayamos diseñado mercados que funcionan adaptados al ordenador. Ha ocurrido con el sistema financiero, y puede ocurrir con el sistema de salud, con la enseñanza… y también con la actividad científica. De ahí mi deseo de que nuestra sociedad madure, para tener una relación más sana y equilibrada con la tecnología, sin perder de vista cuál es nuestro núcleo como humanos. 

​En vuestra primera Jornada sobre Meditation, TechnoScience, and Humanity planteabais esta premisa: “Los científicos del futuro serán contemplativos o no serán”. ¿Cómo debería, a tu entender, reimaginarse el sistema actual de la Ciencia? 

Lo comentábamos hace un momento: el sistema Ciencia que tenemos actualmente es un modelo de productividad heredado de las sociedades industriales que está basado en una serie de metáforas y sistemas de valores centrados en la explotación de recursos y la producción de bienes, un sistema orientado a la producción, con parámetros cuantitativos y criterios de calidad muy simples.

La cuestión es que la nueva sociedad del conocimiento, al contrario que la sociedad industrial, no está basada en la explotación sino en la investigación, la creatividad y la innovación, y por tanto necesitamos nuevos valores, nuevas metáforas que den sentido a la sociedad emergente. 

La propia investigación es un valor en sí misma, pero no la investigación basada en la producción de resultados, sino aquella investigación basada en la gratuidad, el compartir, el servicio, la comunicación o el trabajo interdisciplinar. Y, de nuevo, creo que la investigación científica debe ir de la mano de la investigación íntima, la misma que nos abre a la gratuidad, el servicio o la comunicación, valores intrínsecos de la investigación científica, que son muy necesarios para la sociedad actua​l.

​Esta última pregunta es común a todos los entrevistados: ¿Qué innovación tecnológica en el mundo del trabajo te gustaría vivir? 

​Ésta es otra pregunta que me cuesta responder, y que está muy en la línea con la pregunta anterior sobre la promesa tecnológica. Si me hubieras hecho esta pregunta en el siglo XIX me resultaría más fácil responder, porque entonces había una gran fascinación por la innovación tecnológica y una gran fe en torno a los sueños que podríamos hacer realidad gracias al progreso tecnológico. 

A lo mejor todavía hoy mucha gente vive bajo esta influencia romántica del progreso científico y tecnológico, pero a mí, más que una innovación tecnológica, me gustaría vivir una innovación de conciencia, de forma que las innovaciones tecnológicas sean de gran calidad para la Humanidad. Personalmente, veo indicios a nivel colectivo que me hacen pensar que estamos en el buen camino. Soy optimista. 

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Anónimo   (19/11/2015 6:35)