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"El dinero es un instrumento, ¿qué quieres hacer con él?"
Jose Moncada / @labolsasocial
La Bolsa Social
21/01/2016
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A UN CLIC
Quién es:

​Jose Moncada

 
A qué se dedica:

​CEO y fundador de La Bolsa Social 

 
Ámbitos de trabajo:

Fintech, financiación participativa (equity crowdfunding), emprendimiento social. ​

 
Quiero contactarle:
 
Tiempo de lectura:

El monólogo de Segismundo

 
What if?

​¿Una pyme pudiera combinar financiación bancaria con financiación a través de plataformas de inversión de impacto? 

 
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​​​
Estrasburgo, Invierno de 2014. José Moncada asiste en calidad de Senior Policy Officer de la ESMA, la Autoridad Europea de Mercados y Valores, a una conferencia sobre Economía Social. Sentado junto al comisario Barnier, una idea hace clic en su cabeza: si la cifra de emprendedores sociales no para de crecer, y cada vez hay más empresas y personas interesadas en invertir en proyectos con impacto positivo, ¿por qué no crear una lugar en la Red donde ponerles en contacto?

​Jurista de formación, amante del teatro por la vida, Moncada decidió renunciar a su puesto de funcionario europeo en París y volver a Madrid para hacer realidad su idea. Dos años de incertidumbre más tarde, La Bolsa Social se ha convertido en la primera plataforma de inversión de impacto en España que cuenta además con el beneplácito de la CNMV. De visita en Madrid, conversamos con él sobre tecnología aplicada al sector financiero.

​"Buscamos empresas con potencial de crecimiento y un buen modelo de negocio que buscan lo que yo llamo una “rentabilidad integral”: no sólo económica, sino también social y medioambiental"

​ Si Lope de Vega levantara la cabeza, ¿qué diría del estado actual de nuestro sistema financiero?

Supongo que, robando una frase, algo que hacían a menudo los dramaturgos de la época, tomaría prestada esta cita de otro insigne escritor del Siglo de Oro que fue posterior: “Poderoso caballero es Don Dinero”, que dijo Quevedo.

Pienso también que vería con cierto deje de menosprecio cómo hemos confundido valor con precio. Hoy en día, todo es mercantil y supongo que no le agradaría ver que nuestro sistema financiero carece de alma y belleza. Sin embargo, vivimos tiempos distintos. Las cosas están cambiando, muy poquito a poco, sí, pero se percibe con claridad un cambio de mentalidad.

​¿Qué tipo de cambio? 

Cada vez más, las personas tomamos decisiones económicas motivados no sólo por criterios económicos, sino también éticos: a nivel de consumo, de ahorro, de inversión o de emprendimiento. 

El reciente acuerdo contra el cambio climático firmado en la Cumbre de París es un ejemplo: no es perfecto, pero es algo impensable hace veinte años. Por primera vez, los países tienen la audacia de reconocer que no podemos seguir produciendo buscando únicamente la rentabilidad y el beneficio económico de nuestra actividad, sin importar las externalidades ambientales y sociales. 

Esta nueva tendencia emerge con claridad entre la gente joven y todo lo relacionado con el consumo responsable y las finanzas éticas: bancos como Tríodos Bank están triplicando su número de clientes en España y, cada vez más, la gente se interesa por la inversión responsable. 

La Bolsa Social se inscribe en esta tendencia de las finanzas éticas, sumándose a la corriente emprendedora de empresas que buscan mejorar la sociedad o generar un impacto positivo en el medioambiente. Así que si Lope de Vega​ levantara la cabeza y diera una opinión un tanto amarga, le replicaría que “Poderoso caballero es Don Dinero", pero que cada vez hay más motivos para la esperanza. 

​Uno de nuestros entrevistados, el diseñador Fabrizio Pierandrei, señalaba: "Creo que hemos superado el Capitalismo y el Socialismo y entrado en un mundo de Globalismo, donde la política ha cedido ante el poder financiero”. ¿Usted qué opina? 

No creo que hayamos superado el Capitalismo… El Socialismo parece que sí, pero no el Capitalismo. En todo caso, si por Globalismo entendemos un Capitalismo Global, sí, esto es así. Por eso, lo que quizás nos corresponde es ponerle un poco de alma al Capitalismo y saber que nuestras decisiones económicas tienen implicaciones: en los demás, en el medioambiente, etc…

Especialmente interesante me parece la última parte de la frase: las finanzas se han impuesto a la política. Lo hemos visto recientemente con el rescate de Grecia. España fue rescatada también, pero con un rescate bancario. En todo caso, las condiciones financieras de la Unión nos han llevado a una pérdida de la soberanía tremenda, y uno se plantea hasta qué punto los Estados miembros deben ser sometidos a este tipo de humillaciones… 

Bien es cierto que convenía introducir un poco de disciplina financiera pero... dejando a un lado la crisis, me sorprende mucho que, por ejemplo, entidades como Amazon, LinkedIn​ y otras grandes corporaciones puedan hacer malabarismos de ingeniería financiera y toda una serie de operaciones muy divertidas para acabar pagando una serie de impuestos ridículos, mientras la pequeña y mediana empresa, los autónomos y cualquiera de nosotros tributamos lo que nos corresponde… A mí, eso, me parece escandaloso. 

El mercado se ha globalizado, pero todavía no hay una gobernanza de la globalización, y creo que por ahí es por donde tenemos que ir. El Acuerdo de París es un paso muy interesante, porque pone de manifiesto que hay situaciones que nos afectan a todos y sobre las que tenemos que hablar y tomar decisiones entre todos. Personalmente, me gustaría que los Estados fueran más firmes, sobre todo en el tema fiscal… En concreto, en la Unión Europea me gustaría que pudiéramos ponernos de acuerdo para tener una tributación armonizada. 

​La Bolsa Social se inscribe en esta tendencia emergente que busca unir economía y ética. ¿Podría hablarnos un poco de su evolución? 

Hay toda una serie de actores que desde hace años están impulsando el sector. En el caso de Triodos Bank​, se trata de un banco holandés que nace en los años sesenta, inspirado en unos principios éticos muy fuertes que les lleva a financiar solamente proyectos y empresas con un componente social, cultural o medioambiental. Creo que debe ser uno de los pocos bancos que rechaza clientes, pero la sociedad le está respondiendo, nos hemos dado cuenta de que necesitamos un sistema financiero, pero no nos gusta el actual. 

La Bolsa Social se inscribe en esta tendencia de las finanzas éticas. El proyecto nace para conectar, gracias a la tecnología, a empresas e inversores que quieran producir un impacto positivo en la sociedad y el medioambiente. Buscamos empresas con potencial de crecimiento y un buen modelo de negocio, capaces de ofrecer una rentabilidad, pero con este ADN de mejorar un poco el mundo allí donde trabajen: son empresas que buscan lo que yo llamo una “rentabilidad integral”, no sólo económica, sino también social y medioambiental. 

​¿En qué sentido? 

Desde el principio nos dimos cuenta de que la apuesta de La Bolsa Social tenía que ser muy profesional, por eso quisimos contar con partners de renombre como Triodos Bank, Analistas Financieros Internacionales (AFI), Gómez Acebo y Pombo o Ashoka a  la hora de lanzar nuestra plataforma de financiación participativa, algo que también se conoce como equity crowdfunding o crowdinvesting. 

Los inversores pueden registrarse gratis en bolsasocial.com​ e invertir directamente en el capital en estas empresas que buscan expandirse y necesitan financiación y convertirse en sus socios. Es una financiación alternativa a la bancaria, yo diría complementaria también, que ofrece varias ventajas adicionales: por un lado, las empresas publicadas en la plataforma obtienen mucha visibilidad, permitiendo a las empresas crear comunidad en torno a ellas de forma ágil y eficiente. 

Las empresas que participan en La Bolsa Social no sólo ganan en inversión, sino también a nivel de partners, clientes, seguidores, embajadores, gente que hable bien de ellas en redes sociales… En definitiva, es un instrumento de validación de mercados que además repercute en la reputación de la propia empresa. 

Por otro lado, es también una manera de permitir que la gente invierta directamente su dinero en aquello que le gusta, sin necesidad de intermediarios. En este sentido, aspiramos a convertirnos en un mercado para las empresas con impacto social positivo y los inversores sociales… una Bolsa Social. 

​ ¿Dónde estaba cuando tuvo la idea? 

​En Estrasburgo. Asistía en calidad de Policy Officer de la ESMA​, la Autoridad Europea de Mercados y Valores, a una conferencia sobre Economía Social. Entonces trabajaba en París, donde tuve ocasión de conocer a muchos emprendedores y a inversores interesados en proyectos de impacto social. 

La primera vez que oí hablar del término pensé: esto es una contradictio in terminis, o es empresa o es social… Pero luego, por mis responsabilidades en la ESMA, mientras desarrollaba un reglamento relacionado con la inversión de impacto y el emprendimiento social, descubrí que había empresas exitosas que estaban teniendo un impacto positivo… y que había inversores interesados en apostar por este tipo de empresas, porque lo consideraban interesante. Al final, el dinero es un instrumento, la pregunta es: ¿qué quieres hacer con él? 

​¿Qué pasó entonces? 

​Pensé: ¿por qué no creamos una bolsa donde este tipo de inversores puedan encontrarse con este tipo de empresas? Imaginé un espacio donde, de manera sencilla, pudiéramos seleccionar a las mejores empresas y permitir que la gente invirtiera directamente en ellas. 

Durante todo el verano de 2014 estuve madurando la idea, hasta que por fin me decidí. Cuando se lo conté a mi jefe pensó que estaba loco, le parecía muy raro que alguien quisiera dejar su puesto de funcionario europeo… Entonces descubrí que yo era un emprendedor atrapado en el cuerpo de eurócrata. Dejé París y me vine a Madrid para poner el proyecto en marcha. Lo hice, no sólo porque la idea me apasionaba, sino también porque veía que tenía sentido, respondía a un cambio de mentalidad.

Se calcula que en el mundo hay cerca de sesenta mil millones de dólares de inversión en impacto social. La inversión está creciendo a un 16% cada año, cada vez hay más empresas con impacto social positivo. Y luego, la herramienta del crowdfunding de inversión (que no tiene nada que ver con el crowdfunding de donación o recompensa), me pareció tecnológicamente idónea. Podíamos hacer que todo el proceso fuera fácil y, de hecho, lo es: es muy fácil...

​¿Cuál es la diferencia entre el crowdfunding de inversión y el de donación? 

Hay cuatro tipos de crowdfunding: de donación, de recompensa, de inversión en capital y el crowdlending.

El primero es donación a fondo perdido a un proyecto, el segundo tiene lugar cuando actúas como mecenas de un proyecto - Kickstarter o Verkami funcionan así-, y luego está en el crowdfunding de inversión, también conocido como equity crowdfunding, que es lo que hacemos en La Bolsa Social​, permitiendo que determinadas empresas amplíen su capital gracias a una serie de inversores que se convierten en socios del proyecto. Finalmente, el crowdlending tiene que ver con préstamos otorgados a través de plataformas on-line. 

​La inversión a través de estas plataformas de financiación participativa aumenta a tasas cercanas al 200% cada año. ¿Cómo cree que afecta todo esto al sector de la Banca?

Las tasas de crecimiento de las plataformas de financiación alternativa a través de plataformas on-line son espectaculares. En 2014 movieron en Europa operaciones por importe de tres mil millones de euros y en 2015 estaba previsto que esta cifra se duplicara. 

Se trata de un mercado que, gracias a la tecnología, crece a un ritmo espectacular. Tal vez no somos conscientes, pero todo este mundo de tecnología financiera conocido como fintech está cambiando el modelo de financiación tradicional. 

Vemos mucho interés -y un cierto nerviosismo por parte de las instituciones financieras tradicionales respecto a estas nuevas formas-, pero, más que plantearlo como competencia, creo que debemos ser complementarios: la pyme que antes se acercaba a un banco a pedir un millón de euros ahora podría pedir medio millón a través de una entidad y la otra mitad a través de plataformas como La Bolsa Social.

​Utopic_US, uno de los proyectos promovidos en su plataforma, ha superado ya el objetivo mínimo de 200.000 euros con el que lanzaron la campaña. ¿Cómo ha sido la experiencia?

​Muy interesante. Utopic_US​ ha sido la primera empresa que consigue financiación a través de La Bolsa Social… es muy gratificante ver que el concepto, el modelo, funcionan. 

En este caso, Utopic_US gestiona espacios de coworking, es una empresa muy activa en todo el ámbito de la economía creativa y colaborativa y, en apenas medio mes, la mitad de tiempo establecido, hemos llegado al objetivo mínimo de 200.000 euros de financiación. 

​¿Cuál ha sido el principal reto del proceso?

​Quizá, el hecho de explicar el concepto que hay detrás de La Bolsa Social, esa labor de explicar y convencer. La verdad es que todo está saliendo muy bien, ellos han sido muy activos, tienen un equipo directivo muy potente y han conseguido poner en marcha a muchos inversores. ​

​¿Crees que el marco legislativo acompaña al movimiento de emprendimiento en España?  

La legislación para el crowdfunding de inversión es muy reciente en España, y a mí me parece muy importante que en este sentido haya una supervisión pública. En concreto, a nosotros se nos aplica la nueva ley de Fomento de la Financiación Empresarial aprobada el pasado mes de abril: La Bolsa Social es la primera plataforma de financiación participativa aprobada por la CNMV​, la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Para nosotros, este paso ha sido muy importante, porque nos permite ofrecer seguridad jurídica a nuestros inversores desde el primer momento. En concreto, la ley establece una serie de requisitos muy exigentes: de recursos propios, de trasparencia, de gestión de conflictos de interés, de medios adecuados, de procedimientos… y nos somete a la supervisión de la autorización de la CNMV. 

La ley es perfectible: no se entienden algunas limitaciones extrañas, pero supongo que detrás está la longa manus del lobby bancario, porque no se explica de otra manera. Dicho esto, creo que la ley es muy positiva. 

Respecto al emprendimiento social, creo que todavía tenemos mucho que mejorar. Nosotros hemos creado la Red Española de Impacto Social, que reúne a los principales inversores de impacto profesionales y busca promover que se apliquen en España las recomendaciones del G8​ en materia de impacto social: necesitamos un marco legal y jurídico y un régimen fiscal que se adecuen y favorezcan a este nuevo tipo de empresas que desarrollan productos tan interesantes como los bonos de impacto social. 

​Por último, ¿qué innovación tecnológica le gustaría vivir en el trabajo? 

En concreto, en el trabajo del día a día hay varias. Ahora se me ocurre que me gustaría que todos los notarios y registradores fueran sustituidos por un programa de ordenador, incluso una aplicación. Se puede hacer perfectamente, una aplicación llamada por ejemplo e-fides, que te permita registrar lo que tengas que registrar. Personalmente, creo en ello. La otra innovación que me gustaría vivir es la sustitución del teclado por el dictado de voz. 

La tecnología tiene una capacidad de disrupción enorme, en muy poco tiempo es capaz de provocar cambios radicales de industrias y modelos. Que se lo digan si no a las agencias de viajes… Cuando yo era niño no había Internet. Los cambios que he visto provocados por los avances tecnológicos son espectaculares. 

Creo en el potencial de la tecnología para hacer cosas que antes no podíamos hacer. El cambio tecnológico, unido a un cambio de actitud y de mentalidad, nos abre la posibilidad de ser testigos de enormes cambios sociales positivos. El futuro es prometedor, soy muy optimista. 

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mirian olmedo  (11/10/2016 2:06)

Rosa Moral  (17/02/2016 18:45)

​Una entrevista muy didáctica e interesante. ¡Enhorabuena por la realidad de vuestro proyecto!