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"El papel es el último lujo"
Andrés Rodríguez / @Arodspainmedia
Spainmedia
15/03/2016
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A UN CLIC
Quién es:

​Andrés Rodríguez

 
A qué se dedica:

​Periodista. Editor de Spainmedia: Tapas Magazine, Forbes, Esquire, L'Officiel, Robb Report. 

 
Ámbitos de trabajo:

​Periodismo, comunicación.

 
Quiero contactarle:

​arodriguez@spainmedia.es

 
Tiempo de lectura:

Una página escrita a mano

 
What if?

​¿Vuelves a escribir a mano un rato al día? 

 
@cyctweet
​​​

​El seis de noviembre de 2006, un periodista a punto de abandonar el grupo PRISA tomó un vuelo a Nueva York, su ciudad favorita. No era rico, no tenía apellidos, pero aquel hombre con hipoteca creía en las ideas y tenía una pasión: las revistas. Tras su reunión con Hearst, el sueño americano abrió su kiosko en la calle Posibilidad y Andrés Rodríguez regresó a Madrid con la licencia de Esquire y el título de “Entrepreneur” bajo el brazo

​Diez años más tarde, “el editor” de Spainmedia es todo un referente. Por sus manos han pasado Forbes y Robb Report, L’Officiel​ y Tapas Magazine, su primera revista propia. La niña bonita tiene apenas un año y ya está de moda. ¿Cómo? De viaje en Madrid, con él conversamos sobre el tacto y la libertad, el futuro de los medios y ese infonami que pide a gritos más prescripción.

​"Vivimos inmersos en una borrachera tecnológica, una especie de infonami que nos lleva a querer explorar todas las posibilidades de la tecnología​"

​Diez años después de la llegada del Kindle, cada cual tiene sus razones para seguir amando el papel. ¿Cuáles son las suyas? 

He tenido todos los iPads posibles, pero nunca he tenido un Kindle​. Soy periodista, me interesa la comunicación: la radio, el papel, las revistas… Es el lenguaje que mejor manejo. Soy un editor muy poco científico, muy artesanal, me guío mucho por los instintos y, sobre todo, amo el papel. 

Lo descubrí de pequeño, en los kioskos. Compraba cromos, -y cigarrillos sueltos-, y me volví loco con la revista Vibraciones. Aquello me atrapó. A partir de ahí, el papel pasó a formar parte de mi formación cultural: soy hijo de la cultura pop, la música y las fundas de vinilo y… Lo he pasado mal -entre comillas- en estos años de borrachera digital, al escuchar que el papel iba a morir, que las revistas morirían, que los libros morirían… pero nunca me convencí de lo contrario. 

Tenemos cinco sentidos, y el papel da mucha información al sentido del tacto, no podemos renunciar a eso. De hecho, desde hace un año vivimos inmersos en el movimiento contrario: ahora, el papel es el último lujo. No lo percibe todo el mercado, pero el papel vuelve igual que suben y bajan las faldas. No de la misma manera -nada es de la misma manera-, pero ahí está: vivimos una momento super dulce para el papel, pero sólo se han enterado las minorías​.

​¿Cree que esta vuelta al papel es, en parte, una consecuencia de la digitalización? 

Sí, sí. Yo soy adicto a la tecnología: empiezo mi día mirando el teléfono y vuelvo a él unas sesenta veces. O más. La diferencia es que, cuando chequeo una revista desde mi iPad en una playa del Mediterráneo​, por ejemplo, mi cuerpo está en tensión, una tensión eléctrica. Es una experiencia muy divertida, increíble, pero cuando estoy en esa misma playa ojeando una revista de papel, mi cuerpo se relaja. Es diferente. Las dos experiencias me proporcionan información, pero en la primera soy proactivo y estoy conectado a la red a través de una pantalla y con el papel… con el papel es algo completamente diferente. 

Hay quien lee el periódico en tableta, yo lo leo en los dos soportes, pero cuando tengo un periódico en la mano y se me arruga, lo oigo; y luego, cuando lo dejo, mi mirada ve si lo he arrugado mucho o poco, y entonces, de forma inconsciente, me doy cuenta de que hay una relación directa entre lo mucho o poco que ese día me gustó el periódico y su soporte. Soy un editor con rarezas, una de ellas es que, por ejemplo, cuando compro el periódico, siempre cojo el segundo del montón, porque el primero suele estar doblado… 

​La revista Monocle, en un especial sobre el sector editorial, afirmaba: “Ahora que las publicaciones digitales alcanzan su madurez, tenemos que ser mejores a la hora de procesar diferentes tipos de información, en diferentes formatos, a diferentes horas del día”. ¿Está de acuerdo?

Admiro a Tyler, estoy muy atento a lo que hace y cómo lo hace y, por supuesto, soy seguidor de Monocle​: en formato papel y en radio, visito sus tiendas siempre que viajo fuera, pero no estoy seguro de que las publicaciones digitales hayan llegado a su madurez. 

Primero, creo que seguimos inmersos en una borrachera tecnológica, una especie de infonami que nos lleva a querer explorar todas las posibilidades de la tecnología. Es como si hubiéramos descubierto que podemos volar y necesitáramos tantear todas las opciones: es normal, vivimos tiempos alucinantes, pero, cuando esto pase, sólo querremos hacer uso de aquellas prestaciones que nos parezcan razonables, o que sirvan para algo.

La otra cuestión es que la Red es ilimitada: hoy en día puedes volcar El​ Quijote​, añadir dos mil millones de imágenes, sumar todos los comentarios de la gente y qué sé yo... Pero, cuando eliges hacer una revista en papel, estás autolimitándote; tienes que decidir cuántas páginas le vas a dar a ese mes, y eso te obliga a sustraer: editar es decidir qué va dentro y qué no. En el caso de las revistas, nosotros nos dedicamos a prescribir, que es algo así como decirle a nuestros lectores: fíate de mí, fíate de lo que te recomiendo en mis revistas, son para ti. ​

​Cuando mira atrás y piensa en la evolución del periodismo y su trabajo, ¿qué es lo que más le asombra? 

Internet. Hace sólo veinticinco años, en la redacción de los periódicos había un tipo encargado de cortar y distribuir las noticias que llegaban por télex​. No era periodista, sólo un tipo que cortaba papel y los distribuía: Deportes, Sociedad, Política... 

Si la noticia llegaba a las dos menos cuarto, el tipo la dejaba ahí hasta que el periodista volvía de comer. Y luego, si querías conseguir una fotografía de David Bowie​, por ejemplo, tenías que llamarle por teléfono. Entonces, un mensajero te enviaba por correo postal algunas fotos impresas, y de esas tres o cuatro, tú publicabas una. 

Ahora puedes enviarle un mail a Imán​ o a su representante y saber, en sólo cinco minutos, si accederá o no a la entrevista. Es alucinante.​​

​De todos los viajes que podemos emprender con la tecnología, ¿cuál le gustaría hacer especialmente? 

Probablemente, el de la educación. El drama de la educación en España es salvaje. Tengo la sensación de que los nuevos periodistas no tienen tanta cultura y educación como podíamos tener nosotros al salir de la facultad. 

En nuestro caso, salíamos a buscar información porque no la teníamos al alcance de la mano, pero hoy en día es al revés: la información es abrasiva, es adictiva y nos tiene todo el día conectados. Nos acostamos con la sensación de que va a suceder algo mientras dormimos y no nos vamos a enterar inmediatamente, cuando eso no es lo importante: lo importante es disponer de la información adecuada, en el momento adecuado. 

Está pasando con los periódicos, y me resulta fascinante: ¿Para qué vamos a comprar el periódico, si muchas de las noticias ya las descubrimos en Redes Sociales la noche anterior? No lo voy a hacer, pero creo que sería muy divertido publicar un periódico cuyo contenido, cuyas noticias, no estuvieran en Internet. El problema con los periódicos no es sólo que las noticias se repitan, es que además tenemos tal exceso de información que ya no necesitamos más. 

​Eso es algo que aprendí haciendo revistas: la audiencia no quiere nada, no necesita más información, quiere que la dejen en paz. Pero, entonces, ¿para qué hacer Forbes, Tapas, Esquire​? Porque uno tiene una marca. Porque uno ama hacer revistas. Y, si la revista está bien hecha, la audiencia empieza a decir: ¿Qué es aquello? 

Con las películas de Tarantino, Almodóvar o Woody Allen​ pasa parecido: son para ellos, pero el resto estamos atentos a lo que nos quieren contar. El mercado no sabe lo que quiere, el mercado quiere fútbol. 

​Sí, pero en el mundo hay gente con buenas ideas que pone en marcha proyectos bellos y sin embargo fracasa. ¿Cuál es la diferencia? 

​Hay una diferencia importante, y es que a mí me gusta vender. Para mí, vender es comunicar. El intercambio está en el origen de la civilización, sólo hay que ver la influencia fenicia en nuestro país. 

Como periodista y hombre de negocios, mi aportación ha pasado por romper con la idea del editor que genera contenidos de calidad gracias al dinero de un mentor, una fundación o como un pobre paria al servicio de otros. Yo eso lo rompo haciendo productos que tienen en cuenta tanto a los anunciantes como a la audiencia, generando contenidos de calidad que están al nivel de la inteligencia de nuestros lectores y, al mismo tiempo, dan a conocer a las marcas​. 

​¿Cree que los medios sienten esa urgencia a la hora de generar contenido relevante para sus audiencias? 

​Hoy, un spot​ de Nike es mucho mejor que el un anuncio promocional de una televisión autonómica. Algunas personas dirán: ¡Pero es que Nike tiene dinero! Sí, pero las buenas ideas no sólo tienen que ver con el dinero, tienen que ver sobre todo con las buenas ideas. 

La diferencia entre las marcas y los medios es que, dentro de este infonami, las segundas han intentado buscar y construir un territorio propio. Y además son ultra-competitivas, porque han crecido en ese mercado y necesitan avanzar. 

Los medios, adormecidos por el monopolio de la información que han ostentando durante épocas, han perdido esa agilidad, y ahora tienen que ponerse las pilas. Es fácil de decir, pero en el día a día, asistimos a un baile delicado entre el mercado y las ideas, la audiencia y la rentabilidad, las marcas y la excelencia​.

​Lleva una década bailando al son de las revistas. ¿Cómo fueron los comienzos, cuando trajo Esquire a España? 

Después de dieciséis años trabajando en PRISA​, me di cuenta de que las revistas no eran un sector donde ellos fueran a jugarse el todo por el todo, y a mí, que soy muy pasional, aquello me entristecía. 

Éramos buenos haciendo tele, radio y prensa, pero a nivel de revistas no. Ésa fue una de las motivaciones. La otra la comparto, sobre todo por si le sirve a alguien más. Pensé: si me tocaran una porrada de millones en la lotería, ¿qué haría pasado mañana? No tardé ni un segundo en decirme a mí mismo: probar a ser editor. 

​El único problema es que no tenía dinero. Había oído a mucha gente decir que en el mundo hay un montón de dinero, lo que faltan son ideas, así que hice otra abstracción: ¿Qué es el dinero? Una moneda de cambio que adquiere valor por consenso. Me puse a estudiar el mercado: ¿Qué hay fuera de España que no hay aquí? ¿Qué podría hacer yo bien? Pensé en Esquire​ y me fui a Nueva York, mi ciudad favorita, a reunirme con su editor. No se lo dije a nadie, porque pensé que, lógicamente, me dirían que no. 

Hablé sin rodeos: “No soy editor, no tengo dinero, pero si llevamos Esquire a España, yo esto lo sé hacer”. En Hearst me dijeron que ellos tenían dos tipos de socios en el mundo: las editoriales como Mondadori​, y los entrepreneurs como yo. ​

“Pero falta el dinero”, les dije: "¿Lo ponéis vosotros?” “Nosotros no ponemos dinero”, matizaron. Y ahí fue cuando empezamos a buscarlo. Es el sueño americano. No sé si pasa en toda América, pero pasa en Nueva York, una ciudad sin prejuicios, ultracompetitiva​.

​En España no tenemos sueño americano, pero ¿qué posibilidades le ve a nuestra “siesta”?

​Aquello no podría haber pasado aquí. ¿Quién es Usted... un Rodríguez? Somos un país viejo en un continente viejo, con una sociedad vieja, un antiguo imperio en decadencia y además un país religioso, y todo eso está presente en nuestra educación. Cuando alguien viene a proponerte algo, la pregunta suele ser: ¿Quién eres tú, qué apellido tienes y por qué estás aquí? En España no puedes pasar de cero a cien.​

​Pero con todo este movimiento de emprendedores... ¿Qué nos falta? 

​Estamos mejor que nunca, pero nos faltan varias cosas. La primera es reconocerlo. La segunda pasa por ser conscientes de que, en España, el movimiento emprendedor es hijo de la crisis y, a un emprendedor, lo que le mueve es la pasión, no el miedo: tienes una idea y quieres sacarla adelante, generando riqueza alrededor. 

La otra cuestión tiene que ver con un complejo relacionado -a mi entender- con la falta de inglés, aunque pasa cada vez menos. El caso es que los italianos tampoco lo hablan y no tienen ese complejo… Y luego están los gobiernos, que no ayudan, no dan posibilidades​.

​Tapas, su primera revista propia, nació de una inquietud: ¿Cómo se puede explicar este mundo si no se puede explicar lo que comemos?” Ahora que la revista cumple un año, ¿qué es lo más bonito que le ha traído este proyecto?

​Ver la revista en Nueva York, en un kiosko pakistaní. O que Tyler Brûlé me llamara para decirme: “Acabo de comprarla, bravo”. También el hecho de verla traducida al inglés, como si fuera cosa mágica. Y darme cuenta de que se ha puesto de moda. Uno puede intentar poner una revista de moda, pero un año es muy poco tiempo, es casi un bebé... ​

​¿Considera que tiene un trabajo de lujo? 

​Pagaría por hacer este trabajo… Pagaría. Todos los días. Soy feliz aquí. Me voy agotado a casa, enfadado muchos días, muy enfadado otros, pero estoy consumiendo mi vida en algo que me da placer, nunca soñé con tener este prestigio profesional, hago lo que quiero.​

​Con la prisa y el estrés del siglo XXI, ¿cuál considera el gran lujo a reivindicar?

​La libertad, sin ninguna duda. Tengo bastantes lujos en mi vida; no muchos, no los tengo todos, y eso tiene gracia, porque me permite luchar por ellos. En mi trabajo hay que convencer constantemente a la sociedad, a los anunciantes y a los lectores, pero es un gran lujo no venir a trabajar una tarde porque me he quedado en casa pensando. Es un lujo total… pero las cuentas tienen que cuadrar​.

​¿Qué valora especialmente en la gente con la que trabaja, en un periodista del siglo XXI? 

Es una buena pregunta. Para mí, esto es mi vida, así que me gusta rodearme de gente que me acompañe vitalmente en el proyecto. Creo que los periodistas tenemos el mejor oficio del mundo, pero tiene que gustarte, tienes que ser un yonki del periodismo. Si te metes en esto igual que podrías ser abogado, entonces... no sé yo. 

En mi caso, busco buenas personas, gente educada que sepa convivir, y también gente que no se rinda fácilmente. Es fácil dejarse llevar por el entusiasmo inicial, pero aquí, cada mañana, hay que demostrar. Ya en la editorial, busco sobre todo a gente capaz de interpretar mis ideas sin dejar de ser ellos mismos a la hora de plasmar una visión a largo plazo​.

​Ahora que todo el mundo habla de analíticas y métricas, ¿cree mucho en ellas?

No mucho, la verdad. No sé si me estoy quedando atrás… Nosotros tenemos Redes Sociales, ganamos dinero con nuestras revistas en Internet, estamos todo el día en Instragram y Twitter​, pero yo creo que nuestro valor no es ese: nuestro valor es la afinidad, no la audiencia. 

Personalmente, prefiero influencia a audiencia. Es una frase hecha, pero funciona muy bien, por dos motivos. Primero, porque la audiencia es un lugar enorme donde cabe todo el mundo y todo el mundo es diferente, mientras que la influencia es esa capacidad para decir: "ve a ese sitio, no te vas a arrepentir" y que la gente vaya. Nosotros tratamos de ser influyentes llegando a la mayor gente posible. 

La otra cuestión es que, hoy día, la gente habla mucho de velocidad, pero yo creo que muchas veces la trayectoria no se mide por la velocidad, sino por la consistencia: es importante evitar los errores. 

Las portadas, por ejemplo, son uno de los momentos más felices del mes, y la clave no pasa tanto por conseguir la mejor portada del mes -que es de lo que se trata-, sino de, en el largo plazo, poder mirar atrás y no arrepentirte de ninguna​.

​Usted… ¿Se ha arrepentido de alguna? 

​No, no. Una nos quedó un poco aburrida, pero no me arrepiento de ella. Es como el artista que a lo largo de cincuenta años logra reunir una discografía impresionante. Tal vez tenga veinte discos normales y tres impresionantes, pero en ninguno se puso el pelo amarillo y cambió por completo de estilo. ¿... Sabes a qué me refiero? (risas).

​Esta pregunta es común a todos nuestros entrevistados: ¿Qué innovación tecnológica le gustaría vivir en el trabajo? 

¿Sabes una cosa? Me gustaría que la gente volviera a escribir a mano, aunque fuera un rato al día, porque, cuando escribes, te vuelve a doler la mano. 

Pero, todo vuelve. Creo que algún día veré a alguien entrando en un bar con un periódico, sintiéndose distinto por llevarlo en papel. Sí, creo que lo veré. 

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Anónimo   (22/04/2016 16:40)

Anónimo   (20/04/2016 18:46)

​Hay que estar en la calle para saber lo que quiere el pueblo 

Elias Arguello  (20/04/2016 11:06)

​El papel es como; Las sopas en leña...el ordenador,tabla,smarthphone,androide,etc....son sopas de sobre !

Orlando Campero  (17/04/2016 19:41)

​Excelente!!! Totalmente de acuerdo. La influencia por encima de la audiencia.


Anónimo   (16/03/2016 8:39)

Juan Carlos  (15/03/2016 16:21)

​estoy de acuerdo contigo, hay que sentir el placer del tacto con el papel por mucha tecnología q tengamos y aprovechar los dos caminos.. Y luego, pensaba que tenia yo una manía al comprar prensa o revistas siempre cojo las del medio nunca lo primero. Y hay q tener iniciativas nuevas y ganas e ilusión por mucha crisis q vivamos. Suerte.